Feel good in the Philippines... Una bocanada de aire
fresco después de la Asia del sudeste comercial, completamente necesaria.
¿Y como lo lograron los filipinos? Creo que
simplemente manteniendo su forma de ser, a pesar del turismo. Es que, por su
historia, tomaron un camino distinto al de sus cercanos vecinos. Una mezcla de
sus remotos orígenes y fuertes influencias posteriores, que los hace un pueblo
absolutamente particular.
La primera sorpresa es que se habla inglés.
Mucho o poco, pero todos se hacen entender. Y a nivel visitante eso es un inmenso
placer. Razón de ello es la última ocupación
que hubo, la norteamericana1).
Es interesante lo del idioma, porque oficialmente
lo es también el tagalog (se pronuncia "tagalo"), pero este se
usa más de forma verbal, ya que la mayoría de lo escrito
está en inglés. Carteles, negocios, horarios, menúes en los restaurantes, prensa gráfica. Incluso cuando se
escucha hablar en tagalog, se
reconocen algunas palabras anglosajonas mezcladas en el medio.
Y después está el castellano. En los nombres de
ciudades como Ángeles, San José, Puerto Princesa. En algunas instituciones como
el Banco de Oro. En todos los apellidos. O en el momento menos esperado: para
decir la hora, en español. El toque familiar que faltaba.
Esa influencia de época de la colonia2) también hace notar en la religión. Único en
sudeste asiático, en Filipinas domina el cristianismo. Aunque me cuesta determinar
sus orígenes, ya que no es catolicismo sino distintas iglesias cristianas, que
diría fueron traídas por los gringos si no fuera porque sus nombres están en español y tagalog (¡!)3). Me conformo - y sin haber
investigado sobre el caso - con la explicación de que sera un mix de ambos.
El camino lleva al norte de Luzón, a un pueblo
en las montañas llamado Sagada. La primera parte es simple y plana, a bordo de
un micro de la extensa red que comunica las ciudades mas grandes. Con Wifi
obvio, ¿que tul? Pasa una iglesia tras la otra, los primeros viveros que veo en
Asia, mesas de pool apoyadas sobre tierra bajo un techo de chapa.
Llegamos a Baguio, donde hay que cambiar a otro
micro, similar a un escolar, pero hete aquí, con asientos numerados. Las 7 hs para
hacer 146 km pueden parecer excesivas, pero imposible cansarse del imponente paisaje. El camino serpentea pacientemente entre la montaña,
mientras infinidad de terrazas de arroz estampan sus figuras y colores sobres
los cerros.
Dueña de un fresco aire de montaña y
anfitriona de las cuevas mas complicadas que me tocaron recorrer, Sagada es
relajante. Con Peter, un irlandés muy viajado que me encontré en el bondi, alquilamos
unas bicis y salimos a andar. Además del encanto de las cuevas, encontramos
pruebas de una vieja costumbre local con sus muertos: los ataúdes colgantes en
lugar de enterrados.
Pero una visita a la región de Cordillera no puede
preciarse de completa sin antes pasar por su más famoso sitio: las terrazas de
arroz de Banaue.
De vuelta llegar es duro. Esta vez hay que
tomarse un jeepney hasta la ciudad de Banaue. Y detengámonos ahi: el jeepney es
el autóctono y simpatiquísimo colectivo filipino, hecho a partir del Jeep
militar americano, carrozado atrás con espacio para sentarse uno al lado de
otro a lo largo de las bandas, mirándose de frente. Y digo simpáticos porque no
hay uno igual al otro, están totalmente customizados. Eternamente coloridos,
pueden llevar desde consignas religiosas hasta políticas, pasando por el nombre
del carro al de un familiar. Y a pesar de su edad siempre se los ve brillantes, inmaculados.
Es un placer viajar en ellos, pero debido a lo
difícil del camino sólo nos dejarían en Banaue ciudad. Unos 45 minutos en tricycle (ampliaremos) y otras 3 horas
caminando – mochila a cuestas, subiendo la montaña – hacen falta para
finalmente arribar a las terrazas mas imponentes: Batad.
Se trata de un increíble anfiteatro que existe hace 2000 años, y que al día de hoy se sigue cultivando. Lamentablemente actualmente la cosecha no alcanza para autoabastecerse, y la villa dedica su
esfuerzo a actividades paralelas, como ser guía de turismo, ofrecer alojamiento
o masajes.
No son los únicos cultivos alrededor de Banaue,
y se puede hacer trekking entre sitio
y sitio durante varios días, pero recorrer Filipinas toma tiempo, y llamaba torcer
rumbo nuevamente hacia el sur, para así conocer lo máximo posible.
| ataúdes colgantes |
| jeepney |
| batimóvil |
| si hay viveros también hay flores... |
| no es coca-cola |
| Banaue, esta fue paga |
| desde ahí abajo caminamos |
| Batad |
| el espectacular anfiteatro |
Manila me recibiría con los brazos abiertos. A
pesar de lo impersonal que puede parecer a priori una ciudad de 20 millones de
habitantes, caí en lo de los amigos de MNL, un nuevo hostel donde cuidan
absolutamente todos los detalles. Así nunca falto compañia para recorrer la ciudad,
o hasta disfrutar de un festival de flow que justo se hacía en el lugar.
Viajar en forma atestada en el subte, usar una
cadena de jeepneys para llegar a
destino, pelear con el taxista para que no nos pasee; una buena dosis de megápolis previo a encarar nuevamente hacia el aire fresco. El mismo con el que me me recibió este increíble país, esta vez rodeado de mar.
1) Filipinas fue “cedida” por España a EEUU en
1898. Oficialmente logró su independencia en 1946, pero la influencia gringa se
extendió por varias décadas.
2) La presencia española arrancó con un viejo
conocido: Fernando de Magallanes. Luego de recorrer la costa atlántica y
descubrir el estrecho que hoy lleva su nombre, en 1521 llegó a Filipinas, donde
un mes mas tarde lo matan. En 1565 España logra establecer su primer
asentamiento, extendiendo su dominio por más de 300 años.
3) Hay infinidad de iglesias distintas, la que más
me pareció ver fue la Iglesia Ni Cristo.


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