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20 jul 2013

El día más largo

Pipipipip-pipipipip arrancaba el despertador, uno de esos grandes a pila AA como los que se escuchan sin parar en Retiro – tuve que comprarme uno a falta de reloj y celular. Eran las 6.30; a ducharse y terminar de preparar la mochila, que a esta altura ya no toma más de 5 minutos.

7.20 Todavía en estado de zombie me tomé un tricycle a la estación de ómnibus de Dumaguette. 20 pesos filipinos, razonable para la distancia. La ciudad ya esta repleta de gente; se arranca temprano para evitar los calores.

8.00 Salía el colectivo, no tan cómodo como de costumbre pero el Wi-Fi no podía faltar. Saludé por la ventana las últimas canchas de basquet – por lejos el deporte nacional – esas que se repiten junto a las escuelas en cada rincón por más remoto que sea.

Tomamos por la costa de Negros para embarcarnos en un ferry vía Cebu. El azul mar en el horizonte no hizo otra cosa que inundarme de melancolía.

El viaje continúa, en la lucha por no quedar dormido salí perdiendo; será el relax por una etapa que queda atrás...


15.00 Asomaba Cebu City, de quien dicen es la pequeña Manila. No tuve tiempo para conocerla, tampoco me interesó. Quedara para otro momento. En la terminal urgía comer algo. Un hombre apoyado sobre el mostrador donde acababa de comprar unas facturas me hacía gancho con una de las empleadas, “Beautiful no?”, me insistía.

El aeropuerto quedaba en la otra punta de la ciudad: taxi y a armarse de paciencia. Me vino a la cabeza la comparación con Manila, en eso son iguales. Avanzamos a paso de hombre, suficiente para aprenderme todos los candidatos a legisladores que se presentaban para elecciones. Claro, el embotellamiento era porque estaban arreglando la calle. Época de elecciones. Hay cosas que son universales...

La espera en el aeropuerto se hizo eterna. Demasiado margen, por algo me gusta llegar con lo justo. Sala de espera en renovación, ni siquiera se podía ver hacia afuera. Finalmente 18.10 salió el vuelo de Tiger hacia Singapore.

así de decorado viene el tricycle, una moto con un sidecar carrozado, primo hermano del tuc-tuc
por fin


21.50 Arribamos a Changi airport, un lugar que quería visitar. ¿Pero qué puede tener de interesante un aeropuerto? Bien, acá van algunas: cine y sala de videojuegos, peluquería, un tobogán gigante, pileta, gimnasio y hasta un jardín botánico. Eso sin contar con el generoso patio de comidas y las amenities que ya ofrecen los aeropuertos de primer nivel: dormi-reposeras, masajes para los pies y lugar donde trabajar con tu notebook. Ah, me olvidaba de algo. Ofrecen un tour gratuito por Singapore, si tus tiempos de tránsito lo permiten.

Un buen rato me tomó pasearme entre tantos pasatiempos, justo en horario para abordar la nave a Oriente Medio.




4.45 Pasaron 3 horas en el reloj aunque unas 7 reales de vuelo, es acá donde se siente como se dilata el tiempo. Ahí esperaba Dubai: tras una primera visita con sabor a poco, llegó la hora de la revancha. Un poco mejor informado esta vez, con mapa en mente, curtido del calor que pase 4 meses atrás, encaré en bañero y havaianas.

¡¡Qué molestos los agentes de seguridad de los Emiratos!! Me llenaron de preguntas, incluso cuando ya estaba por salir del aeropuerto. ¿Será muy sospechoso pasar solo unas horas en Dubai y volver a subirse al avión?

Agarré por Dubai Creek, la parte de la ciudad donde se puede ver el pasado en el presente. Es un estuario donde circulan viejos y gordos botes de madera, los que sirvieran para el comercio desde antaño, cuando Dubai no era la potencia petrolera que es hoy.

Precisamente un excelente lugar para conocer sobre la historia del emirato y cómo se vivió es el completo Dubai Museum que, dado el poco material histórico disponible, es una maravilla.

Paré a desayunar algo en Al Seef; no tenía ni idea qué pedir cuando dos hombres de negocios me dan una mano para elegir unas salchichas envueltas, con café. Charlamos un rato y aprovecharon para contarme de las bondades del Islam y la sabiduría del Corán.

Con Alá en la cabeza podía enfilar directo hacia la mezquita Jumeira pero opte por ir al shopping, uno tiene un gigante acuario y otro la famosa pista de esquí en el medio del desierto. Obviamente desistí de esquiar (además de que no sé), era un poco costoso el lujo.

Donde sí iría es al Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo. Otra vez pequé de ingenuo (o me olvidé de que estaba en Dubai): los tickets para subir se vendían solo para el día siguiente, y si querías subir en el momento no es que no podías, sino que tenías que pagar un precio VIP por caprichoso: Usd 100. Tengo unas hermosas fotos desde abajo para acompañar este post.

esto es Changi





solo faltaba que saliera andando

Dos de la tarde, corriendo al aeropuerto para el último embarque, el que me dejaría 18.35 hora local en Frankfurt. Mi viejo esperaría ansioso a la espectativa de recientes historias, mientras prepararíamos los detalles para un festejo muy especial.


¿Pero no termina nunca esta jornada? Por eterno y abarcativo, y compitiéndole a Dubai con un récord que no va a poder quebrar, este fue... el día más largo del mundo.


amanecer en Dubai


estos barcos se llaman abra, y son unos botes que cruzan de orilla a orilla



Dubai Aquarium
Burj Khalifa

bienvenida familiar

14 dic 2012

Dubai Metro-trip


La historia empieza más o menos así.

Allá cuando buscaba el pasaje hacia sudeste asiático, varias de las opciones más baratas incluían una escala en Medio Oriente. Lo normal en estos casos son 2-3 horas entre arribo y despegue, pero si ya ibamos a estar ahí ¿por qué no salir del aeropuerto y conocer algo nuevo?
Por calidad de la linea aérea y lo interesante del lugar el destino terminó siendo Dubai. Da para quedarse tranquilamente varios dias, pero los precios no eran los que estaba dispuesto a pagar. Así fue como nos embarcamos a conocer Dubai en... 8 horas.

Los días previos fueron frenéticos. Volvía de Viena y en sólo 2 días tenía que lavar y secar la ropa, comprar algunas cosas, preparar el bolso (que no faltara nada para un largo viaje) y dejar el departamento de mi viejo medianamente ordenado ya que por un tiempo no iba a haber nadie.
Como era de esperarse, la noche previa al vuelo no hubo tiempo para dormir. 6 de la mañana partió el tren que me llevara al aeropuerto.

Me subieron a Airbus 777-300, hermoso, nunca había viajado en uno de esos. Tenía pantalla individual con menú para elegir películas, series, noticias, dos cámaras en vivo desde el avión, datos del vuelo. También canales de música y ¡¡videojuegos!! ¿Cómo poder dormir con semejantes chiches?
El servicio fue bueno, hay que acostumbrarse primero al inglés que habla el staff, ni hablar los anuncios en árabe. La comida excelente, y no paraban de servir cosas. Lo que realmente me llamó la atención fue a la hora del despegue y el aterrizaje. A todo aquel sin cinturón o con asiento reclinado, las azafatas, desesperadas, avanzaban sobre él como si fuera un delincuente y lo retaban cual nene ¿Será que sino no les pasan la hora?


Llegamos a Dubai. No había averiguado NADA  ¿Cuánto levanto del cajero? Ni idea. De a poco me puse en tema y me tomé el metro, a conocer Dubai Marina (me sonaba el nombre) y ver si diviso el edificio que luego averiguaré se llamaba Burj Al Arab, el famoso hotel 6 estrellas en cuyo techo una vez jugaron un partido Federer con Nadal. 
Entro al subte, y como los mismos no llevan chofer me corro hacia el primer vagón para ver por la ventana de adelante. Error. Este no tenía parabrisas (estaba cerrado) y me terminé sentando al lado de una ventanilla mirando hacia atrás. Era de noche, el coche bien iluminado y los vidrios polarizados.Tampoco se podía ver hacia afuera salvo que pegaras la cara contra la ventana y te hagas sombra con las manos. Caramba.
Al par de estaciones (llegando al centro) empieza a llenarse de personas, todas ellas con pañuelo en la cabeza. No era que tuviera un sobrenatural poder de seducción... ¡¡Era el vagón para mujeres!!  Cabeza gacha me hice rápido camino al de los machos, donde me quedaría el resto del viaje.
Ya mirar hacia afuera era una utopía, y cuando logré sentarme el respaldo daba a la ventana. Aún así logré memorizar algunos flashes del camino, mi cuello agradecido...

Dubai definitivamente no esta hecho para caminar. Porque es muy extenso. Porque el subte tarda mucho. Porque te moris de calor.
Las estaciones de subte tienen aire acondicionado en su totalidad, pero una vez que salís el mundo se te cae encima. Y las distancias son largas.
En paralelo emergen grandes autopistas con nada despreciable caudal de autos. La ciudad es una gran masa de cemento, pero donde se ve algun hueco (ej. estacionamientos) el suelo es de arena. En una arquitectura que se extiende en el plano, contrastan algunos grupos de edificios que parecen abrazar el cielo. Como si fueran pocos se sigue construyendo, noche y dia.

Por fin pude conocer algo. Después de la agobiante caminata, entre los edificios aparece un espejo de agua, rodeado de un paseo y varios bares y restaurantes, perfecto para relajarse después de una larga jornada laboral. Ahí empecé a entender un poco a los que les gusta Dubai.


Dubai Marina





valet
de acá para arriba

Tiempo de emprender el regreso, el subte deja de funcionar a las ¿11? (masomenos, nadie sabe el horario exacto) y no daba para perderse. Vuelta al aire acondicionado y vuelta al altoparlante anunciando las estaciones (con larga introducción) en árabe e inglés ¿Es necesario escucharlo 2 veces entre parada y parada? Eran 21 en total de ida.

Como quedaba un changüí, llegando al centro me cambié de linea (de la roja a la verde) con la esperanza de ver algo distinto. Esta segunda linea pasa por al lado de (entiendo que era ) un río para llegar cerca de la costa ¿por ahí algun puerto? y pegar la vuelta en dirección hacia el aeropuerto. Error 2. El subte no se asomó a la superficie, y mis esperanzas de ver algo más se hundieron al mismo nivel.

Dicen que a Dubai es lindo, que hay de todo para hacer. Me quedaré con el cuento, hasta nueva oportunidad.
Vuelta al aeropuerto, vuelta check-in, y merecido descanso para despertar en otro mundo...