Pipipipip-pipipipip arrancaba el despertador,
uno de esos grandes a pila AA como los que se escuchan sin parar en Retiro –
tuve que comprarme uno a falta de reloj y celular. Eran las 6.30; a ducharse y
terminar de preparar la mochila, que a esta altura ya no toma más de 5 minutos.
7.20 Todavía en estado de zombie me tomé un
tricycle a la estación de ómnibus de Dumaguette.
20 pesos filipinos, razonable para la distancia. La ciudad ya esta repleta de
gente; se arranca temprano para evitar los calores.
8.00 Salía el colectivo, no tan cómodo como de costumbre pero el Wi-Fi no podía faltar. Saludé por la ventana las últimas canchas de basquet – por lejos el deporte nacional – esas que se repiten junto a las escuelas en cada rincón por más remoto que sea.
Tomamos por la costa de Negros para
embarcarnos en un ferry vía Cebu. El azul mar en el horizonte no hizo otra
cosa que inundarme de melancolía.
El viaje continúa, en la lucha por no quedar
dormido salí perdiendo; será el relax por una etapa que queda atrás...
15.00 Asomaba Cebu City, de quien dicen es la pequeña Manila. No tuve tiempo
para conocerla, tampoco me interesó. Quedara para otro momento. En la terminal
urgía comer algo. Un hombre apoyado sobre el mostrador donde acababa de comprar
unas facturas me hacía gancho con una de las empleadas, “Beautiful no?”, me insistía.
El aeropuerto quedaba en la otra punta de la
ciudad: taxi y a armarse de paciencia. Me vino a la cabeza la comparación con
Manila, en eso son iguales. Avanzamos a paso de hombre, suficiente para
aprenderme todos los candidatos a legisladores que se presentaban para
elecciones. Claro, el embotellamiento era porque estaban arreglando la calle. Época
de elecciones. Hay cosas que son universales...
La espera en el aeropuerto se hizo eterna.
Demasiado margen, por algo me gusta llegar con lo justo. Sala de espera en
renovación, ni siquiera se podía ver hacia afuera. Finalmente 18.10 salió el vuelo de Tiger hacia Singapore.
| así de decorado viene el tricycle, una moto con un sidecar carrozado, primo hermano del tuc-tuc |
| por fin |
21.50 Arribamos a Changi airport, un lugar que quería visitar. ¿Pero qué puede tener
de interesante un aeropuerto? Bien, acá van algunas: cine y sala de videojuegos,
peluquería, un tobogán gigante, pileta, gimnasio y hasta un jardín botánico.
Eso sin contar con el generoso patio de comidas y las amenities que ya ofrecen
los aeropuertos de primer nivel: dormi-reposeras, masajes para los pies y lugar
donde trabajar con tu notebook. Ah, me olvidaba de algo. Ofrecen un tour
gratuito por Singapore, si tus tiempos de tránsito lo permiten.
Un buen rato me tomó pasearme entre
tantos pasatiempos, justo en horario para abordar la nave a Oriente Medio.
4.45 Pasaron 3 horas en el reloj aunque unas 7 reales
de vuelo, es acá donde se siente como se dilata el tiempo. Ahí esperaba Dubai: tras una primera visita con sabor a poco, llegó la hora de la revancha. Un poco mejor informado esta vez,
con mapa en mente, curtido del calor que pase 4 meses atrás, encaré en bañero
y havaianas.
¡¡Qué molestos los agentes de seguridad de los
Emiratos!! Me llenaron de preguntas, incluso cuando ya estaba por salir del
aeropuerto. ¿Será muy sospechoso pasar solo unas horas en Dubai y volver a
subirse al avión?
Agarré por
Dubai Creek, la parte de la ciudad donde se puede ver el pasado en el presente. Es un estuario donde circulan viejos y gordos botes
de madera, los que sirvieran para el comercio desde antaño, cuando
Dubai no era la potencia petrolera que es hoy.
Precisamente
un excelente lugar para conocer sobre la historia del emirato y cómo se vivió es el completo Dubai Museum que, dado el poco material histórico disponible, es una maravilla.
Paré a
desayunar algo en Al Seef; no tenía ni idea qué pedir cuando dos hombres de
negocios me dan una mano para elegir unas salchichas envueltas, con café. Charlamos
un rato y aprovecharon para contarme de las bondades del Islam y la sabiduría del Corán.
Con Alá en
la cabeza podía enfilar directo hacia la mezquita Jumeira pero opte por ir al shopping, uno tiene un gigante acuario y otro la famosa pista de esquí en el medio del
desierto. Obviamente desistí de esquiar (además de que no sé), era un poco
costoso el lujo.
Donde sí iría es al Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo. Otra vez pequé de
ingenuo (o me olvidé de que estaba en Dubai): los tickets para subir se vendían solo para el día siguiente, y si querías subir en el momento no es que no podías,
sino que tenías que pagar un precio VIP por caprichoso: Usd 100. Tengo unas
hermosas fotos desde abajo para acompañar este post.
| esto es Changi |
| solo faltaba que saliera andando |
Dos de la tarde, corriendo al aeropuerto para el último embarque, el que me dejaría 18.35 hora local en Frankfurt. Mi viejo esperaría ansioso a la espectativa de recientes historias, mientras prepararíamos los detalles para un festejo muy especial.
¿Pero no termina nunca esta jornada? Por eterno y abarcativo, y compitiéndole a Dubai con un récord que no va a poder quebrar, este fue... el día más largo del mundo.
| amanecer en Dubai |
| estos barcos se llaman abra, y son unos botes que cruzan de orilla a orilla |
| Dubai Aquarium |
| Burj Khalifa |
| bienvenida familiar |
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