Había una vez en el tiempo...
Esto de escribir en diferido conlleva un riesgo
lógico: algunos recuerdos son reemplazados por nuevos, dejando peligrosos
huecos en el continuado a la hora del relato. Pero también tiene su aspecto
positivo, a la distancia se reconocen mejor los momentos y sus matices, pudiendo identificar claramente lo relevante de cada lugar y período.
Eso vamos a aprovechar con la experiencia Indonesia, organizándola en entregas temáticas.
Eso vamos a aprovechar con la experiencia Indonesia, organizándola en entregas temáticas.
Primer capítulo: El mundo submarino.
Había una vez en el tiempo, una mezquita erigida en una importante ciudad al norte de la isla de
Sumatra, el bastión islámico Banda Aceh. Cuenta la historia que el famoso
tsunami del año 2004 tuvo precisamente como epicentro a este lugar, dejándolo
literalmente bajo agua. No hubo vivienda que sobreviviera, pero aquel templo se sostuvo allí intacto, como un símbolo de fortaleza de ese credo. Se trata de la Mesjid Raya Baiturrahman.
Atrás quedaron esos tiempos y si bien el recuerdo sigue ahí muy presente, la ciudad está completamente reconstruidda y a la vista solamente queda un museo-monumento conmemorativo.
Atrás quedaron esos tiempos y si bien el recuerdo sigue ahí muy presente, la ciudad está completamente reconstruidda y a la vista solamente queda un museo-monumento conmemorativo.
Cerca de allí se encuentra una isla, accesible mediante una hora de ferry, llamada Pulau Weh. Tendrá unos 150 km2, 50.000 habitantes (poco para términos locales) y una tranquilidad inigualable. Eso fue lo que me atrajo hacia lo que sería mi primer escala en Indonesia.
Allá la gente se dedica a la pezca, a algunos pequeños cultivos y al turismo. A pesar del tamaño reducido de la isla se hablan distintos idiomas, a su vez distintos al bahasa, el oficial en Indonesia. Una rica cultura.
Y si a Banda Aceh se la conoce por el mundo que
quedó debajo del agua aquel fatídico dia, Weh esconde bajo la superficie un tesoro
submarino que soportó el tsunami tan estoico como la mezquita: su increible flora y fauna marina.
La primera impresión ya dio cuenta de ello;
desde el balcón del bungalow se podía ver un pez azul jugando a metros de ahí,
como dando la bienvenida.
Ahí nomás con Nina y Oliver, unos alemanes que conocí ahí, alquilamos equipo y salimos a hacer snorkeling. Primera vez. ¡Y
tragué agua como loco!... Pero volví con varias certezas:
Que el submarino es un mundo que vale la pena
explorarlo.
Que Nemo existe, es tan simpático como en la
película y muy chico, del tamaño de medio dedo índice.
Que después de bucear/snorkeling siempre hay
que mirar dónde se pisa; los erizos de mar arden como nada y te pueden provocar
una terrible infección.
Luego de este último episodio, como buenos
alemanes, N&O sacaron a relucir sus completísimos botiquines y paquetes de
medicina para resolver el problema. Hubo intentos de cirugía, pero las espinas
estaban tan bien metidas adentro que el esfuerzo (y dolor) fue en vano. La
solución vino de parte de la experiencia local: mucho vinagre, a esperar ¡y
santo remedio!
| la vista desde el balcón |
Tan interesante fue la experiencia que habia que seguir probando. El siguiente escalon fue bucear, luego aprender a bucear...
Para el que no sabe de que se trata (como yo
hasta ese momento), esto es más o menos así: te proveen del equipo, que consta de un
tubo de oxígeno, un chaleco inflable (y
desinflable) que permite regular el nivel de flotación, un pulpo de mangueras
que provee de aire al buzo y al chaleco, el traje de neoprene, un cinto con
lastre, máscara y patas de rana. Armado todo esto, se puede arrancar.
Hay una lancha que te lleva hasta el lugar a descender.
Se puede ingresar dejándose caer de espalda hacia la borda, o simplemente
caminando hacia el agua en caso de los botes más grandes.
Se organizan grupos, y estos a su vez en
parejas que se cuidan entre sí. El grupo es guiado por un buzo experto que
conoce el lugar y además de ofrecer ayuda en caso de algún problema, suele
mostrarte los animalitos de mar más interesantes.
Y allá abajo se ven cosas increíbles:
barracudas, tiburones, rayas, pez mero, morenas, alones, pez plano, pez hoja, pez escorpión, etc, etc.
Hasta en un viaje en lancha nos sorprendieron
un grupo de delfines a la pasada.
Claro que no es tan simple como tirarse al agua
y empezar a imitar a un pez. Te enseñan una serie de técnicas y cuidados, con
ejercicios a ser evaluados previo a largarte junto al resto. Y también un
paquete de teoría que como todo, podés hacerlo a medias o tomártelo en serio.
Así fue como pasé todo el día de mi cumpleaños
estudiando y, para no desentonar con los debuts, por primera vez solo sin
familia ni amigos. Experiencia extraña debo decir, pero igualmente disfrutable...
¿Una semana bajo agua? Tiempo de volver sobre el
nivel del mar a tierra firme, a interactuar un poco con humanos...
| uno de los restos |
| asian style: los zapatos afuera |
| long beach la única playa, a una media hora caminando |
| esta barracuda la pezcó un maestro de Zurich; era tan grande que parte la comimos a la parrilla, el resto en un curry y sobró... |
| la oferta hotelera en Iboih |
| Mr. Bean, proveedor de insumos |
![]() |
| Ohlala, habitual "after office" |
| escasean los pozos... |
| cuando vuelven a sus casas se visten de musulmanes |
| familia local, su marido estaba estudiando para buzo y perdió el libro de estudios (!) |
| ¿queda claro qué se hace en esta isla? |
| Etienne, excelente instructor |
| el bote a la derecha va a transportar buzos una vez reparado |
| diving shop (centro de buceo) |
| la bintang no podía faltar... |
