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6 oct 2013

La joya de Siberia

Una parada obligada, cuando no destino final. El Transiberiano arriba a Irkutsk, la llamada París de Siberia, aunque no es pa´ tanto. Hay que tomar el tranvía que cruza el río Angara hacia la ciudad. No esta claro donde para pero finalmente lo encontramos: un cartel metálico cuelga de un cable de acero que cruza la calle. Momento de despedida de los polacos copados con los que compartí el último tramo sobre rieles. Noche de descanso y partida a las orillas del lago, ese al que rodea una aura de paz y aire de renovación.

El Baikal, la reserva de agua fresca más grande del mundo, trasciende totalmente esa estadística. Es atractivo por donde se lo mire. Se puede hacer trekking en su costa completa - aunque no siempre conectado y fácil de acceder - así como recorrer viejas trazas de tren en desuso, o simplemente observar su inmensidad desde el Transiberiano camino a Ulan-Ude. Hasta en invierno vale la pena visitarlo (aguantando sus -40°C), cuando se congela íntegramente permitiendo cruzarlo de costa a costa en 4 ruedas. También se practica ice fishing y ofrecen en alquiler unas bicicletas con clavos que me tentaron muchísimo.

Pero volvamos al verano, que es el presente. Como primera etapa me movilicé hasta Lystvianka, a una hora de Irkutsk, desde donde se puede arrancar hacia una práctica y muy disfrutable caminata por los bosques y acantilados de roca que bordean el lago allí.

En este reducto la mayoría de turistas son rusos que pasan a disfrutar las angostas arenas entre costanera y agua, en compañia de una buena cerveza y el increíblemente rico omul. A este pescado ya me lo venían recomendando desde Moscú y lo preparan ahumado. Lo venden a la entrada de casas particulares y en el mercadito local. A mi gusto se lo disfruta más cuando lo sacan caliente de unos contenedores de telgopor con papel aluminio.

Irkutsk
Lystvianka


El camino me lleva de vuelta a Irkutsk - siempre se vuelve allí - a tomarme una marshrutka a Olkhon island, y descubrir una faceta totalmente distinta del Baikal. Es un largo viaje cuya duración varía considerablemente dependiendo de la disponibilidad del ferry y el sentido de ubicación del chofer.

Olkhon espera con un pueblo totalmente inhóspito pero sumamente receptivo con los visitantes. Muy a mi pesar elegí parar en la hostería monopolio, lo que paradójicamente fue una excelente decisión. No solo los viajeros que conocí ahí cada uno y sin excepciones traían historias increíbles; el lugar aportaba lo suyo con cultura francesa en vivo así como números musicales locales.

La isla carece totalmente de infraestructura, el camino se hace al andar. Caminar, andar en bicicleta, aunque la mejor opción para conocerla rápida e íntegramente son las viejas, duras e indestructibles combis militares UAZ que no conocen limites a la hora de explorar terrenos traicioneros.

Remarco en que la zona es encantadora. El pueblo, de mayoría étnica buriata, te recibe con sus encantadoras facciones asiáticas (fetiche aparte). La creencia chamánica en las costas occidentales contrasta con las tradiciones budista-tibetanas del lado opuesto, que se extienden hacia el sur adentrándose en Mongolia. Se pueden visitar hogares para empaparse de la cultura chamánica, pero me pareció mucho más auténtico el recorrido que hicieron Ferran y Mireia - españoles con quienes coincidí en el hostel - por el valle de Barguzin parando en casas de campo.

La estadía se alarga más de lo previsto, los centros de energía que el chamanismo encontró en la isla se empecinan en retenerte. Luego de una recarga completa, el kairos dijo que es momento de continuar el peregrinaje, en busca de nuevas culturas.



trekking Bolshie Koty - Lystvianka (20km)








omul!

Baikal, Baikal (el viejo un fenómeno)
Olkhon


chamanismo



nuestro chofer también hacia de comer y ponía música

las chicas con los nombres mas cool que conocí en todo el viaje: Dunjia y Ji


Buriatia
el templo budista más grande de Rusia, a pasos de Ulan-Ude


25 sept 2013

El Transiberiano

Cuenta la historia que hace años venía con la idea de ir a China, y que en ese momento estaba en la capital rusa, a escasos 7000 km. Hay que agregarle que trato de mantenerme lo máximo posible a nivel de la superficie para no perder contacto con la riqueza de pueblos y paisajes. La solución fue casi obvia: el Transiberiano.

Poco me interesaba el hecho de pasar varios días en el tren, o de bañarme en litros de vodka en el camino; lo mio era viajar lentamente hacia Siberia parando en distintos lugares, para finalmente virar hacia destino final. Aunque la experiencia global terminó siendo digna de contar.

Primero vamos a derribar un mito, y esto es un poco fuerte: ¡el Transiberiano como tal no existe! Que quiero decir con eso... No se trata de un tren diario que sale de Moscú, pasa por la dura Siberia y llega a la extrema Vladivostok. Mas bien es una traza que en su momento se construyó para fines logístico-militares, y que hoy alberga infinidad de servicios, cortos y largos, con toda la combinación de orígenes y destinos que se puedan imaginar. Cierto es que si querés hacer un tramo largo las opciones se reducen, y que el tren Moscú-Vladivostok de veras existe. Pero no quita lo esencial: salvo detalles, los trenes son todos iguales.

Hay una excepción, el Golden Eagle Trans-Siberian Express, que no es otra cosa que un tren de lujo que surgió de la demanda del turista acomodado que quería vivir la experiencia del tren tal vez más famoso del mundo, pero sin salirse de las comodidades de un hotel.

Para ampliar un poco hay que contar que hoy existen en total 3 recorridos partiendo de Moscú. El Transiberiano ya mencionado; el Transmanchuriano, que de Siberia cruza a la Manchuria china, y ahí vira hacia el sur destino a Beijing; y el Transmongoliano, que con idéntico destino se abre a la altura del lago Baikal en Rusia, corta por completo Mongolia y se aproxima a Beijing desde el oeste. Este último es el que tomé.

Paso seguido, comprar lo pasajes. Y acá hay que ser sumamente cuidadoso. En primer lugar porque se podía comprar online, pero la página estaba escrita íntegramente en ruso. Piloteable: existen unos didácticos tutoriales, el traductor que trae el Chrome y las búsquedas online del nombre de las ciudades, ¡porque "escrito en ruso" implica el uso del alfabeto cirílico!

Superado esto, atenti a un detalle. Rusia está atravesada por 9 husos horarios, y los horarios de los trenes increíblemente están en horario de Moscú. No solo te marea al comprar, sino que cada vez que tomás el tren tenés que recalcular la hora para ver qué dice el pasaje. Lo más bizarro son los relojes en las estaciones, que muestran el horario de la capital. ¿Una buena entre tanto vericueto? Hace poco la Rzd incorporó en su pagina la venta de pasajes en inglés... próximos viajeros, agradecidos.




A rodar. Como es costumbre en Rusia el tren sale puntual. La primera persona con la que te encontrás acordátela bien y procurá llevarte bien con ella. Es la provodnitsa, la mandamás del vagón. Controla los boletos, reparte frazadas, limpia a desgano, maneja su propio kiosco de golosinas y lo más importante: es la que pone orden.

En el tren la premisa es sentirte cómodo. Emulando a los rusos, hay que armarse de un set de short y musculosa para soportar el calor, y claro, las pantuflas. La toalla para secarte la cara, que es parte del combo, viene junto con la frazada.

Dicho esto, la población itinerante es básicamente local, por ahí encontrás 2-3 extranjeros por vagón, sobre un total de 54 en clase platzkart. Son interesantes las interacciones dentro del tren. De lo que pude observar y preguntar, pareciera ser un gran diván. En el rato que toca arriba del tren - no olvidar que hay una rotación permanente - hablan mucho de sus vidas, en especial con alguna señora mayor presente. Me tocó un flaco que subió a la madrugada y desde que entró no paró de descargar, además de tomar de su cerveza. Hace escasos días lo había abandonado la novia, y así estaba. Ahora sí, cuando llega el momento de despedirse, a otra cosa mariposa; la sesión terminó.


A alimentarse. Acá lo mejor es traerse algo de un supermercado, por costo y porque lo que ofrecen en el tren es un poco acotado. En la punta del vagón hay agua caliente, potable. Un golazo, te podés hacer unas ricas instant noodles ¡o hasta prepararte unos mates! Aunque para vivir de lleno la experiencia Transiberiano hay que pedirse un chay, el clásico té servido en vaso de vidrio adentro de un canasto metálico.

En las estaciones más importantes el tren puede llegar a parar por media hora, 40 minutos. Es el momento de estirarse y tomar aire fresco, no son muchas las oportunidades. También en el andén, esperan unas simpáticas babushkas (abuelas) que ofrecen sus productos caseros. Es la mejor compra porque para ellas significa una gran ayuda, y generalmente son muy buenos.


A disfrutar del paisaje (¿?). Lamento informar que después de las primeras horas mirando por la ventana ya sabés lo que te va a esperar los próximos días. Mayoría bosque, algunos claros de pradera, algún que otro cultivo. Ni siquiera pasar por los Urales cambia demasiado el panorama. La cosa se empieza a poner interesante a partir de Irkutsk, pero eso, en todo caso, será tema del próximo capítulo.

Siguiendo las vías del Transiberiano.


el platzcart (3ra clase)
hot water
estos (empleados) no querían que saque fotos porque estaban mirando una peli
esto fue de lo más pintoresco

Novosibirsk

vagón restaurant
uno de los pocos provodnik; acá se fuma
así es la cama de arriba
uno de los que tomé: Moscú - Jabarovsk
same same...
¡algunos siguen en pantuflas!
chay
mucho, pero mucho tren de cargas: vagones cerrados, combustible, autos, madera, rieles, etc.
Golden Eagle

12 sept 2013

Uno más en Moscú

Ya pasaron unas semanas desde que arribé a Moscú y, quien hubiera dicho, haciendo vida de local. Estoy parando en lo de Olga, en las afueras de la ciudad en un suburbio impronunciable: Железнодоро́жный, o en nuestro alfabeto Zheleznodorozhny, lo cual no lo hace mas fácil.

Lo primero que salta a la vista es que la vida de Rusia está muy centralizada en su capital. Desde las decisiones políticas hasta la economía, todo gira alrededor de ella y existen diferencias centro-periferia abismales. Para sintetizarlo en un ejemplo, en Moscú por un trabajo similar se puede ganar hasta 3 veces más que en una ciudad satélite, a tan solo 40km de distancia. La actividad económica se concentra pero el costo de vida allí es prohibitivo, lo que genera que, salvo privilegiados, la gente habite los suburbios y se traslade diariamente a la ciudad.

Y precisamente eso es lo que estuve haciendo hasta ahora, claro que, teniendo la libertad, evitando los horarios pico. Una caminata de 20 minutos separa el departamento – un monoblock muy bien puesto – de la estación de tren. Como el invierno parece decir adiós definitivamente, se ven cada vez más chicos jugando en la calle y madres paseando a sus niños. Acá hay que aclarar el termino "calle": ventajas del centralismo y una buena planificación urbana, los monoblocks están agrupados y solo son invadidos por unas pocas calles angostas destinadas al ingreso de coches de propietarios. Por el contrario, los espacios internos están plenamente orientados a la vida al aire libre, con canchitas de fútbol, básquet, plazas con juegos o simplemente verdes. En todo ese paisaje, dos curiosidades: los barrenderos juntan los residuos - principalmente ramas - ¡en viejos carros para bebes! Increible pero real, no cuentan con elementos adecuados. Y en segundo lugar unos grandes caños aislados tendidos en el piso que son un paraíso para los chicos. Es la distribución de agua caliente, centralizada, que abastece a todo el barrio. O sea en las casas nada de calefón o termocentral, a no ser por un detalle: durante 2 semanas al año hay mantenimiento y se corta el suministro. Obviamente me tocó.

Los trenes suburbanos funcionan muy bien, con una puntualidad que sorprende. Son electricos, no esperemos trenes de ultima generacion pero cumplen. Al arranque y freno suelen tener un desacople electrico que interrumpe el dulce andar. Ya pasa a ser gracioso ¡no falla nunca!

Párrafo aparte para los comportamientos dentro del tren, como no podía ser de otra manera. Llegás al tren que espera para salir en Москва Курская - la terminal Este - y te la pasás vagones y vagones buscando lugar. Pero no por lleno sino porque la gente reserva asientos. Entendible hasta ahí, si no fuera que es para las estaciones siguientes... Y no uno cada 20, ¡un tercio de las butacas ocupadas con un diario, bolsa o botellita! ¿Te imaginás reservando un lugar en Once para un amigo que sube en Liniers?

Después es uso y costumbre ir lata de cerveza en mano, de medio litro obvio, Балтика (Baltica) domina. Puede haber urgencias, en ese caso no hay pudores y se descarga (aunque no es generalizado) en el extremo del andén.

En la punta de los vagones se fuma y de nuevo, el que tiene ganas deja su lugar y no solo cuando vuelve nadie se lo pencó, sino que todavía están las cosas que dejo ahí, sea bolso, maletín o cualquier otra. Grata sorpresa la de la seguridad, la verdad se anda muy tranquilo, incluso a altas horas de la noche.

Quiero cerrar el capitulo urbano con la marshrutka, que no es una mujer sino un simpático minibús, de nunca menos de 20 años, que opera en los suburbios. Tiene recorrido fijo y se le paga directo al chofer, que tiene la plata desparramada sobre una alfombra que cubre la tapa del motor. Para bajar no hay timbre sino que se le grita al conductor... por suerte en mi parada siempre baja gente y me evitan el discurso en ruso.

mate a la rusa
syrniki, un delicioso panqueque hecho a base de queso


Pasando a la periferia, mas allá de las diferencias ya marcadas, la vida es otra. Los espacios más amplios y el ambiente relajado. Se puede aspirar a vivir en una casa con jardín, rodeada de bosque y lagunas. También se ven con frecuencia esas adorables casas de madera que alguna vez poblaron todo Rusia. Y otras costumbres se mantienen, como preparar té para toda la familia con el samovar, o comer verduras sacadas de la huerta propia.

Vivir en las afueras también es la oportunidad para conocer algunas viejas capitales regionales de la zona, el llamado Golden Ring. Ciudades que se desarrollaban a la par de Moscú, hasta que esta despegó definitivamente y empezó a dominar al resto. Hoy conservan sus muros, iglesias y casco antiguo: el pasado en el presente.


Seguirá la vida urbana por unos días más, aunque se acercan los feriados del Día de la Victoria y será tiempo de unas minivacaciones. Sí, para no desentonar con la vida de los moscovitas.




ningún problema



otra vida
té con el samovar: en él se hierve el agua; en la tetera se prepara el té concentrado; se agrega agua a gusto en la taza
pashalnie zaitsa, huevos decorados para ocasión de la pascua ortodoxa

casa en Pavlovskiy Posad
Suzdal
interior de iglesia
una vieja iglesia de madera
reconstrucción del interior de una casa de campo; el samovar, infaltable
molinos de distintas épocas
se siguen usando
el pryanic, típico de Tula
San Basilio
río Moskva