29 nov 2012

Vienna Vida


Venían con fama los austríacos. Por cosas que me fueron contando y por recuerdos de mi bisabuela, una copada total que fabricaba buhos a partir de piñas, hacía música con un instrumento llamado “Zitter” y cocinaba como los dioses. Definitivamente en mi imaginario se habían ganado el mote de saber disfrutar de la vida, de amigables y relajados. Ahora quedaba comprobarlo.
Si la primera impresión es la que cuenta, con la cálida bienvenida en el aeropuerto (la campera que me llevaron fue sólo un detalle) y pronto despacho a una fiesta con TODA la onda, me compraron.

se puede interpretar de dos maneras, "enamorados de Viena" o "enamorados en Viena"

En Austria se habla alemán igual que en Alemania, aunque tienen una tonada especial y le cambian la terminación a las palabras, como si todo fuera en diminutivo. Digamos un alemán dulce. La forma de trato es amable, y de lo que pude ver, cuando algo no sale como esperado se evitan las acusaciones y se sale de la situación con humor ¿Alguna diferencia con Deutschland?
Que mi bisabuela cocinara bien no era casualidad. La tienen clara acá con la gastronomía. Ofrecen una gran variedad de platos a partir de lomo, carne de buey, ganso, pato, pollo, carne picada y algun pescado. Los acompañamientos son variados: desde creps, papa gratinada, arroces y el famoso Knödel, hasta agregados a base de repollo, zapallo, tomate, ciruelas y distintos hongos.
Las sopas también tienen su lugar en la carta, y se incorporaron al menu recetas desde Hungría y Checoslovaquia (antiguamente parte del mismo imperio) como el Gulasch, Nockerln y el Letscho.
Me olvidaba, tienen milanesas igual que nosotros (probablemente antes que nosotros) y se llaman “Schnitzel”.

sólo el principio

Como de comida se trataba, hicimos empanadas para celebrar la fraternidad argento-austríaca. Los ingredientes ya no son problema. Hoy en día en cada ciudad grande de Europa se consiguen artículos de nuestras tierras, incluso lo mas fácil es pedirlos por internet. En Viena hay un local que importa desde México, Brasil y Argentina. Junto con las tapas y el ají molido no pudimos evitar llevarnos un malbec mendocino.

Wiener Schnitzel

Por último les presento el café, un lugar especial en la vida cotidiana de los vieneses. Son el hogar de la repostería tradicional austríaca y allí se pueden encontrar el Apfelstrudel, la Käsetorte (cheesecake), la torta de chocolate (el punto justo, no demasiado dulce ni empalagosa), entre otros.
Pero reducir la descripción a eso sería injusto. Son santuarios, lugares para abstraerse del mundo. Se está en silencio o se conversa tranquilo, no vas a ver a nadie corriendo. Se pasa ahí el rato que sea necesario, y vuelta al ruedo. Un Ohm a la austríaca.

¿Será donde caí yo? ¿Será que todos son asi? No importa. En mis recuerdos quedará que en este lugar definitivamente saben vivir la vida.
Buena vida, ¡Vienna Vida!

acá se consigue
lo que se quiere
aguardientes












22 nov 2012

Aires bávaros

München (o Munich para los hipanoparlantes) surgió de la nada. Apareció la propuesta de ir un fin de semana a caminar por la montaña y dije, ¿por qué no?

Y así nos pusimos en campaña. Como no estaba en los planes (ni en el presupuesto) decidí probar con el colectivo. Compra de los pasajes por internet, costó un poco encontrar el micro en un lugar improvisado al costado de la estación de tren. Me encontré con más gente que iba a Munich y ni uno solo sabía donde era...
Pero ahí apareció el móvil en su inconfundible  amarillo patito, con un hombre de rasgos eslavos que se paró en la puerta. Me acerco para proceder al check-in, y el maestro en vez de planilla ¡¡pela iPad!! y me busca por ahí. Más práctico ¿no?
El hombre era el chofer, que hace absolutamente todo. Controla pasajes, carga los bolsos, te mantiene al tanto durante el viaje por sistema de audio interno (sí, como si fuera un tren o avión), ¡¡vende snacks!! y hace chistes sobre el estado del tiempo. Ah, y maneja.

llegada a München


terminal de omnibus, la primera que veo en Alemania

Luego de un viaje tranquilo llegamos a la ciudad del Oktoberfest – era Oktober pero no había Fest, tranquilo que cerveza se consigue todo el año – y me largué a caminar. Normalmente antes de visitar una ciudad suelo informarme a donde ir, pero esta vez quise jugar al “turista espontáneo”. Consegui un mapa por ahí para cuando me pierda, y a patear. Y a dejarse llevar por la masa de gente que se había volcado a la calle, más tarde entenderé que a disfrutar los últimos dias de calor.
München tiene muchas peatonales y se presta para eso, con puestos de descanso estratégicos (cervecerías) a la calle. Todo decorado con arreglos florales y muy limpio. También tiene muchas curvas y contracurvas, conlusión finalizada la jornada en un cruce de 6 esquinas,  no pude evitar el uso del mapa.

En el recorrido (no me pregunten dónde) me crucé un Globetrotter (el local para mochileros), esta vez el doble de grande que el de Frankfurt, y otro parecido de nombre Schuster. Im-pre-sio-nan-te la variedad de cosas que tenían. Deporte que imagines, lo encontrás. Si ya los alemanes mueren por las actividades al aire libre, en Baviera tienen los Alpes cerca y los medios (léase plata) para equiparse.

Si de aire libre hablamos, domingo fue día de montaña de la mano de los anfitriones Ale y Poldi. Bien desayunados, arrancamos tempranito para aprovechar la luz del día; el destino elegido fue Schliersee. Surgió ese lago, pero hay cientos en la zona  y se puede conseguir una guía completísima del tamaño de una biblia, como para salir sin miedo a perderse. Al lugar se llega con un tren llamado BOB que, además de ir hasta la manija de gente hay que cuidarse del vagón al que se sube... en un momento del recorrido el tren se separa en distintas partes ¡y terminás en cualquier lado!

Desde un pintorezco pueblo posado sobre la orilla del lago parte el camino al cerro. Andaba mucha gente de todas las edades, desde familias con chicos hasta parejas mayores. Cada tanto alguna casa o establo con espacio para pastoreo, todo muy prolijo.
La subida no fue dificil, y despues de una mañana amenazante el cielo se despejó y nos dejó una vista de ensueño. ¿Le agregamos un parador arriba para rehidratarse y almorzar? ¿Y una siesta en el bosque? Completo.

Fue tiempo de volver a la ciudad, agrandar el grupo y dar una vuelta nocturna – esta vez bien guiados – para completar un dia que ya hace rato se había pagado.

Faltaba resolver la vuelta a Frankfurt, y pense en darle una oportunidad a la “Mitfahrergelegenheit”, que no es una puteada sino el sistema para ir con alguién en auto a cambio de una modesta suma.  Funciona así: ingresás los datos de tu viaje en una página, y te tira los resultados de quienes ofrecen lugar en su móvil. El conductor deja una pequeña descripción del estilo “paro en Atalaya” o “voy en un Mini Cooper, manejo rápido pero seguro”,  y el lugar de donde sale. Te contactás con alguno, le confirmás, y listo... ¡¡Cumplen!!

Así viaje en un Golf VI (nada de 4.5) con Thomas, un loco que todas las semanas hacía ese viaje por laburo y que resulta que venía de otro lago al sur de München, el Starnberger See. Muy buena onda, terminamos coincidiendo en que el alemán debería relajarse un poco más, y en los beneficios de tomarse la vida sin tantas presiones.
Vamos a anotarlo como una regla de oro :)

disfrutando la tarde





Schliersee





a escasez de tiempo hubo que bajar patinando

Ale, Poldi, Xime y Nati

18 nov 2012

Relleno arquitectónico

En mi estadía en Alemania y aledaños la prioridad está signada por la familia y los afectos. Esa idea sigue presente y motivó el viaje a Stuttgart, y a partir de ahí la pregunta, ¿que hay para hacer allá, como para completar la estadía? Había estado hace un tiempo, pero nada me había llamado mucho la atención. Siendo una ciudad de unos 600.000 habitantes, capital de provincia, con unos 1900 años de antigüedad, algo me tenía que estar perdiendo...
Buscando, buscando, ahí apareció la veta arquitectónica, una antigua y una actual.

Cuenta la historia que allá por los años 20 fueron convocados unos muchachos,  arquitectos ellos, a participar con proyectos de vivienda de una exposición, en la que se intentaba mostrar los lineamientos de la nueva arquitectura. Estos chicos se llamaban Le Corbusier, Bourgeois, Mies van der Rohe, Scharoun, Peter Behrens, entre otros, y dieron lugar un complejo llamado Weißenhofsiedlung. Fueron 21 casas, que son tan actuales que impresiona lo visionario. Durante la Alemania nazi fueron catalogadas de “aldea á abe” por sus terrazas blancas (¿?!!!), y sólo la irrupción de la guerra las salvo de ser derrumbadas. Aunque no duraron mucho sin ser bombardeadas. Hoy quedan 11 edificios en pie, uno abierto al público. Y fue motivo de visita.


croquis del complejo
"Casa doble" por Le Corbusier
los interiores de la casa convertida museo

casas 31-32, por Behrens
casas 5-9, por Oud



Pasando a tiempos actuales, les presento Stuttgart 21, un proyecto de optimización de transporte y planeamiento urbano que esta actualmente en construcción. En principio todo surgió tratando de solucionar el embudo que hace años se produce en la estación de trenes de Stuttgart, que está situada en el medio de la ciudad. Es una estación terminal – los trenes llegan y salen “marcha atras” por las mismas vías – que además se quedo sin espacio para ensanchar su acceso, con lo cual se hace una gran galleta donde conviven trenes de carga y pasajeros, con sus distintas velocidades.


El proyecto prevé soterrar las vías, transformando el Hauptbahnhof en estación “pasante”, ahorrando los tiempos de entrada y salida, y genera un nuevo trazado independiente para los trenes de carga. Los trenes de alta velocidad van a tener un tercer recorrido para ellos solos, permitiendo bajar en ¡¡ 1 hora!! el corredor Paris-Budapest.
El nuevo Hauptbahnhof se proyectó con entradas de luz naturales, y no tiene nada que envidiarle en diseño a otras obras de los trenes alemanes, como el Berlin Hauptbahnhof o el cigarro del aeropuerto de Frankfurt. La superficie que van a dejar libres las vías soterradas se van a destinar a espacio verde y edificios de vivienda integrando la ciudad, que hasta hoy esta virtualmente cortada en dos por las vías.
Para quienes conocen de obras, el proyecto va a costar unos 4300 millones de euros (probablemente más), y no está excento de polémica. El año pasado se hizo una consulta popular que votó a favor de la continuidad, y aún así hoy hay mucha resistencia, cívica y política.


En la estación actual se puede ver una expo completísima con información desde básica hasta técnica, en diversos formatos audiovisuales; digno de visitar.


Sólo faltaba algo en Stuttgart: tenía que confirmar mi próximo vuelo ya que empezaban a subir los precios y por unos días iba a estar sin internet. Previsor, a la mañana fiché un café con cartelera alusiva para pasar luego. Ahí termine yendo, me instalé, y como suele suceder recién cuando tenía el cappuccino servido, resulta que la conexión "a veces anda mal" ¡¡Maldito WiFi otra vez!! A correr por la estación (a todo esto se iba el tren) buscando robar señal de algun lado. Casi había perdido las esperanzas cuando aparecieron los amigos de LeCrobag que, en muestra de su originalidad, pusieron de password el nombre del local. Y asi sentado en un pasillo hacia los andenes, y con el indispensable apoyo desde Baires, hicimos el resto. Poco convencional pero funcionó. Me vuelvo contento a Frankfurt...



la maqueta que se puede ver en la expo
detalle: entradas de luz
la estación subterranea
los andenes, comunicados mediante puentes
así va a quedar el trazado de las vías: azul lo actual, rojo proyectado; la linea punteada son túneles
todo gran cambio provoca resistencias...
yapa: vista desde el "Fernsehturm" (torre de televisión)


14 nov 2012

El juego de las diferencias (o volver a Frankfurt)

Cuando de viajar se trata, siempre que volvemos a un lugar que conocemos bien y hace tiempo que no vamos, lo primero que nos preguntamos es, ¿estará todo como la última vez que estuve?
Algo así me pasa con Frankfurt, donde ya perdí la cuenta las veces que estuve, pero siempre está esa cosquilleo de ver si todo esta en el mismo lugar donde lo dejamos.
Del aeropuerto me paso a buscar mi viejo, directo en subte a la casa de la Oma. Y la primera imagen no defraudó, ¡en la planta baja sigue estando el supermercado donde venden el chocolate Ritter a 1 euro! No puede fallar en caso de emergencia.
El complejo de viviendas donde vive mi abuela, digamos como un gran monoblock pero pintorezco, sigue tal cual. Salvo que a la medianera, como da a un primer piso y se puede acceder por el techo del súper, le pintaron un regio grafiti como decoración. Apoyo la moción, le pone onda al lugar.
Paso obligado, recorrida de rutina por el centro de Frankfurt. Ahí se visita: el Saturn, un Musimundo (en sus años mozos) alemán gigante que tiene de todo, Hugendubel, una gran librería donde conocí lo que es elegir un libro y sentarse a mirarlo tranquilo sin que te molesten, y mientras tomar un café si se gusta, el Kaufhof Sportpalast, una casa de deportes que no es gran cosa pero hay que ver las novedades, y por supuesto, el Globetrotter, proveedor de todo tipo de artículos para mochileros y montañistas.
Todo se acompaña por la oferta gastronómica local. Un Bretzel para arrancar, y más tarde se encara para la Kleine Markthalle (un mercado como los viejos); adentro hay un local de salchichas histórico (me lo enseño mi abuelo) atendido por sus dueñas, donde se elige el tipo (tradicional, amarilla, krakauer, etc) y peso deseado, arrancando por 100g. La salchicha se sirve envuelta en una servilleta de bar y se acompaña con pan separado y mostaza.
Por último una vuelta por la parte histórica de la ciudad, el Römer, lugar de encuentro para turistas y locales, como cuando en 2006 vino una manada de holandeses para el partido con Argentina, o todos los años para la feria de Navidad.
Habiendo velado por el bien general del lugar (como si pudieramos cambiar algo), podemos dar paso a la vida cotidiana.


Hauptwache, portal de entrada al centro de Frankfurt


Römer (sin holandeses)


los chiches que venden en el Saturn


La vida pasa entre Frankfurt y la casa de mi viejo, que está en las  afueras a unos 40km. Acá como en el resto de Europa no existen las extensiones de campo como en Argentina, cada pocos km te encontrás con un pueblo, que a su vez esta conectado con otro y otro, mediante una enorme red de simples calles, rutas y autopistas. La parte “rural “ consta de bosque, mucho bosque, y algo de agricultura. Muy pocos animales de 4 patas, menos vacas, y los que hay están bajo techo por las condiciones climáticas. Entre tanta civilización lo realmente interesante son los caminos para caminar y andar en bicicleta. Todo asfaltado, obvio. Y los hay por todos lados. Realmente los podes recorrer sin cansarte que siempre vas a encontrar una vuelta nueva. Cada tanto se ve una cancha de fulbo – de 11 – ¡¡y jamas vi alguien jugando!! Que desperdicio.
Siguiendo con las diferencias, un cambio palpable es como se masificó el uso de los smartphones, y cada uno con su internet. ¿La consecuencia? Casi no se encuentra WiFi... ¡¡problemón!!

desde la bicisenda

En general moverse acá es bastante caro, salvo que se opte por las dos amigas, sean zapatillas o ruedas. Las opciones siempre fueron el tren y el auto, pero hablando con distinta gente me dijeron que el escenario cambió. Se aceito un sistema de “acompañante de auto”, con oferta y reservas vía web, y trajeron el bus de larga distancia. Todo cambia... ¡¡Se avivaron los alemanes!!

tacho+bolsas para los regalos del perro