2 oct 2019

Siga ese paraguas!


Cortos, remera y sandalias, sólo acompañado por la cámara y lo mínimo de plata y documentos de rigor. Un calor agobiante. No es para sorprenderse era pleno verano. La info de los lugares a visitar se estudia el día anterior. Los datos más al detalle, de la guía a la cámara en forma de fotos. Botellita de agua claro, indispensable ir reponiéndola a lo largo del día.

Así arrancamos rumbo a los grandes atractivos de Beijing, y si algo sorprende de entrada es la inmensa mayoría de turismo doméstico, quedando para nosotros los gringos un lugar casi reducido a la nada. Algo así ya me había pasado en Rusia, donde su gente prácticamente se maneja sólo dentro de los límites del país y, al ser una población grande copa las paradas turísticas. Claro que en China todo se multiplica por diez.

Y aparece el folclore. Grandes grupos identificados como soldaditos, en el mejor de los casos con un pin, pasando por gorras o hasta vistiendo todos la misma remera. Siempre al mando de una guía con banderín en alto que se vea a lo lejos, a veces megáfono en mano. Todo bien hasta que todos nos mezclamos en espacios reducidos; las voces amplificadas empiezan a cruzarse, la gente a perderse… y todo termina por ser un gran caos.

Los paraguas realmente son un show aparte. De todos los colores, formas y tamaños que puedan imaginarse, siempre con la misma función: proteger del sol. De vuelta, el verano no da tregua. Todo lugar con sombra es aprovechado para tomar un descanso, en especial por la gente mayor, siempre presente.




Ciudad Prohibida





















Un tema aparte son los controles de seguridad. Ahí encontré un gran celo, probablemente fundado en eventos ocurridos años atrás. Chequeos al nivel de un aeropuerto ingresando a la plaza Tiananmnen, a la Ciudad Prohibida, al museo Nacional, al mausoleo de Mao Tse Tung.

En dirección a este último íbamos con Julie – una viajera que conocí en Beijing – y nos olvidamos de dejar la cámara en el lugar destinado a tal fin en las afueras de Tiananmen, todo un trastorno y ya a esa altura imposible porque estábamos cerca del horario de cierre. Entonces decidí hacer un experimento, que sería ver hasta dónde podría avanzar ocultando la cámara y eventualmente ingresarla al mausoleo. Emprendimos la larga cola (aprox. 500m) a las indicaciones de personal que nos iba ordenando, por no decir arriando, en una trayectoria de mucho sol y poca sombra. Avanzando a veces a buen ritmo, a veces nada, a lo largo del camino nos iban indagando e indicando que elementos debíamos descartar por prohibidos. Además de mirar celosamente qué llevábamos en numerosas oportunidades y a través de distintos agentes. Así todo fuimos avanzando hasta increíblemente cerca del edificio del mausoleo. Hasta que apareció lo más temido… una estructura de contenedores con cacheos y cintas de rayos X. Con la mejor cara de póquer intenté pasar la cámara camuflada en ropa, aunque fue imposible. Tampoco resultaron las gestiones para dejar el artículo ahí mismo para buscarlo más tarde. Abortado el experimento. Presidente Mao, nos veremos la próxima.


mausoleo de Mao




Palacio de Verano

 


  


 

fin de jornada para vendedoras ambulantes
medios de elevación
escapando de los paraguas (Gran Muro en Jinshanling)