Finalmente llego el día. Paradójicamente a
pesar de estar recorriendo un país famoso por sus costas, todavía no había
disfrutado de una playa con todas las letras, una que realmente se precie de tal.
No es que no las hubiera en los lugares por donde pasé – hay muchas en todo Java – sino que estaba esperando a sus mejores
versiones (o las más populares) al este del país.
Tomar un ferry alcanza para internarse en un
mundo distinto a lo vivido hasta el momento... bienvenido a Bali. Un mundo
contradictorio si los hay, porque conviven una tradición exquisita de
descubrir, infinita belleza natural y una voracidad comercial sin igual.
Bali es una isla montañosa, muy verde en su
totalidad, que se estira unos 150 km. La costa es variada, contando con varios
poblados bien distintos en fisonomía y carácter. Por eso es un lugar que para
conocerlo bien requiere como mínimo 2-3 semanas, si no más.
Por lejos, la mejor y mas divulgada opción
para recorrer la isla es en moto. Se consiguen por unas 40.000 rupias diarias (4
dólares) y los requisitos son nulos. Lo
ideal es retirarla en el mismo lugar de llegada, no perder ni un minuto en otro
medio medio de transporte.
¡Y como me hubiera gustado visitar Bali hace 50
años, cuando todavía era virgen! Lo cierto es que nada sirve lamentarse ahora,
hay que ingeniárselas para desenterrar la autenticidad de alguna forma.
Ubud, una pequeña ciudad entre la selva en el
centro de la isla (no es playa), es el lugar indicado. Nudo cultural, es donde
mejor han sabido conservar el legado. Allí se pueden ver infinidad de templos,
o disfrutar regularmente del legong, una
de las tradicionales danzas balinesas. Claro que también está plagado de
insistentes “transport? transport?” o “massaaaaage?”, pero alcanza con alejarse
unas cuadras del centro para descubrir templos caseros (si, cada casa dispone
de su propio templo), o salir a caminar por los campos de arroz de intenso
color verde que arrancan apenas a unos pasos de la urbe.
La tradición se respira. Los hombres visten en la cabeza una vincha de forma particular y las mujeres con sus autóctonas pollera y camisa de
manga larga. Y un clásico: en las veredas cada ocupante del lugar dispersa flores a modo de ofrenda a los dioses. Se practica el Hinduismo Balinés.
También el arte plástico está presente. No solo
en las estatuas que decoran los templos, sino en los muy logrados trabajos en
madera.
¿Tradición culinaria? A deleitarse con el
famoso babi guling, un delicioso lechón
preparado a la balinesa que se puede conseguir en el centro de Ubud. Eso sí, a
ir temprano que se agota...
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| dentro de una casa |
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| uno de los tantos templos |
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| babi guling |
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| la vegetación en Ubud |
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| santuario de los monos |
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| pa llevárselos a casa... |
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| también dentro de una vivienda |
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| los campos de arroz, a pasos de la ciudad |
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| legong |
Llegamos más al sur, a Kuta. Este es el lugar
donde, cuando se escucha decir a alguien que va a Bali, muy probablemente se
instale. Kuta significa “ciudad” en bahasa. Por eso existen varias kutas, como Kuta Bali, Kuta Lombok, etc,
etc. Más allá de la etimología, la de Bali realmente hace honor a su nombre. Se
consigue cualquier cosa, desde remeras y CDs truchos hasta tatoos, piercing u
otros servicios.
Desde ahí me tomé una moto para recorrer las
costas cercanas. Costas que, lamentablemente, fueron apropiadas por grandes
condominios o cadenas de hoteles. Después de
buscar y buscar se encuentran algunos accesos.
Ahí terminás coincidiendo con un
estereotipo muy similar al viajero en sus formas: el surfer. Obviamente este tampoco está dispuesto a pagarse un all-inclusive, y es capaz de trabajar de cualquier
cosa con tal de perseguir las mejores olas durante el resto del año. Como el
viajero persigue destinos.
La moto, que dicho sea de paso venía con
ganchos de un costado para llevar una tabla de surf, fue la compañera ideal
para hacer slalom entre entre los autos virtualmente inmovilizados en el
embotellamiento post-playa y las motos que fluían entre los angostos pasillos
que estos dejaban. Sublime; me hizo revivir mis mejores tiempos de bicivolador
en Capital.
Y sí, el último destino no podía ser otro que Gili, las 3 ínfimas islas al este de Bali, donde está absolutamente prohibido estresarse.
Ya de entrada te recibe con una playa blanca
paradisíaca, a cuya agua cristalina tenés que saltar si o si ni bien bajás de
la lancha que te lleva desde Bangsal, Lombok.
Ya los primeros pasos por el camino de arena costero, por el que podes dar la vuelta completa a la isla en una hora, te dan la certeza de que tus únicas
preocupaciones en el lugar van a ser comer y dormir.
Cuestiones que se resuelven rápido. Para hospedarse basta con elegir uno de los infinitos pondoks (hosterías) del lugar. En materia de comida hay varios restaurantes muy buenos, pero el mercado nocturno no tiene competencia.
En la isla no existen autos ni motos. Para
suplir el déficit (turistas cansados de cargar sus mochilas) hay unos
simpáticos carros tirados a caballo, similar al botellero pero para personas.
Para recordar quién es el dueño de la calle tienen unas armónicas bocinas que te arrían fuera de su camino.
Hacés amigos fácil, están todos en la misma.
Si con eso no te alcanza, la versión canchera local (entiéndase indonesios con
peinado afro, gafas y paseando en cuero) tiene para ofrecerte palm wine (tuba), weed o mushrooms. Cada
uno elegirá a que se le atreve.
No queda lugar para la violencia con un ambiente tan relajado: no hay un solo policía en toda la isla.
¿Actividades durante el día? Podés hacer
snorkeling, bucear, andar en bicicleta (aunque probablemente se te atasque en la arena), rostizarte al sol o disfrutar de un trago mirando el atardecer. Crisis: llueve y estas cansado
de dormir. No preocuparse, una buena sesión de masajes puede ser la solución.
El resto lo hacen los bares con música en vivo
ofreciendo música de playa, o algún espontáneo jam de guitarras al que
te puedas sumar...
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| Gili Trawangan |
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| Yhya, de Libia |
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| así es el agua |
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| en el interior de la isla |
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| a falta de montaña... |
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| los carros, en este caso en Gili Meno |
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| hace calor... |
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| para la panzada: el mercado nocturno |
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| meta frisbee |
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| Olga & Olga de Rusia; algo me dice que no va a quedar en un encuentro |
La lancha deja atrás las Gilis; en el recuerdo resonará por siempre una pegadiza melodía, que dice:
"Welcome to my paradise..."
awesome photos! Great job with the blog as always
ResponderBorrarso generous with your comments as always! haha
Borrarnice pics !!! The pic of your motorbike is missing !
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