13 jun 2013

Las playas

Finalmente llego el día. Paradójicamente a pesar de estar recorriendo un país famoso por sus costas, todavía no había disfrutado de una playa con todas las letras, una que realmente se precie de tal.

No es que no las hubiera en los lugares por donde pasé – hay muchas en todo Java – sino que estaba esperando a sus mejores versiones (o las más populares) al este del país.

Tomar un ferry alcanza para internarse en un mundo distinto a lo vivido hasta el momento... bienvenido a Bali. Un mundo contradictorio si los hay, porque conviven una tradición exquisita de descubrir, infinita belleza natural y una voracidad comercial sin igual.

Bali es una isla montañosa, muy verde en su totalidad, que se estira unos 150 km. La costa es variada, contando con varios poblados bien distintos en fisonomía y carácter. Por eso es un lugar que para conocerlo bien requiere como mínimo 2-3 semanas, si no más.

Por lejos, la mejor y mas divulgada opción para recorrer la isla es en moto. Se consiguen por unas 40.000 rupias diarias (4 dólares) y los requisitos son nulos.  Lo ideal es retirarla en el mismo lugar de llegada, no perder ni un minuto en otro medio medio de transporte.

¡Y como me hubiera gustado visitar Bali hace 50 años, cuando todavía era virgen! Lo cierto es que nada sirve lamentarse ahora, hay que ingeniárselas para desenterrar la autenticidad de alguna forma.

Ubud, una pequeña ciudad entre la selva en el centro de la isla (no es playa), es el lugar indicado. Nudo cultural, es donde mejor han sabido conservar el legado. Allí se pueden ver infinidad de templos, o disfrutar regularmente del legong, una de las tradicionales danzas balinesas. Claro que también está plagado de insistentes “transport? transport?” o “massaaaaage?”, pero alcanza con alejarse unas cuadras del centro para descubrir templos caseros (si, cada casa dispone de su propio templo), o salir a caminar por los campos de arroz de intenso color verde que arrancan apenas a unos pasos de la urbe.

La tradición se respira. Los hombres visten en la cabeza una vincha de forma particular y las mujeres con sus autóctonas pollera y camisa de manga larga. Y un clásico: en las veredas cada ocupante del lugar dispersa flores a modo de ofrenda a los dioses. Se practica el Hinduismo Balinés.

También el arte plástico está presente. No solo en las estatuas que decoran los templos, sino en los muy logrados trabajos en madera.

¿Tradición culinaria? A deleitarse con el famoso babi guling, un delicioso lechón preparado a la balinesa que se puede conseguir en el centro de Ubud. Eso sí, a ir temprano que se agota...


dentro de una casa
uno de los tantos templos

babi guling
la vegetación en Ubud
santuario de los monos



pa llevárselos a casa...
también dentro de una vivienda
los campos de arroz, a pasos de la ciudad

legong



Llegamos más al sur, a Kuta. Este es el lugar donde, cuando se escucha decir a alguien que va a Bali, muy probablemente se instale. Kuta significa “ciudad” en bahasa. Por eso existen varias kutas, como Kuta Bali, Kuta Lombok, etc, etc. Más allá de la etimología, la de Bali realmente hace honor a su nombre. Se consigue cualquier cosa, desde remeras y CDs truchos hasta tatoos, piercing u otros servicios.

Desde ahí me tomé una moto para recorrer las costas cercanas. Costas que, lamentablemente, fueron apropiadas por grandes condominios o cadenas de hoteles. Después de buscar y buscar se encuentran algunos accesos.

Ahí terminás coincidiendo con un estereotipo muy similar al viajero en sus formas: el surfer. Obviamente este tampoco está dispuesto a pagarse un all-inclusive, y es capaz de trabajar de cualquier cosa con tal de perseguir las mejores olas durante el resto del año. Como el viajero persigue destinos.

La moto, que dicho sea de paso venía con ganchos de un costado para llevar una tabla de surf, fue la compañera ideal para hacer slalom entre entre los autos virtualmente inmovilizados en el embotellamiento post-playa y las motos que fluían entre los angostos pasillos que estos dejaban. Sublime; me hizo revivir mis mejores tiempos de bicivolador en Capital.


típico gang (pasillo) de Kuta
 


"siiiir, massaaaage??"
for rent; por sus olas Kuta es un buen lugar para aprender





los hombres de naranja, con típica vestimenta balinesa
ellas disfrutan a su manera
Ulu-Watu, paradisíaco




Legian beach

playas al sur de Kuta; acá van los pro



Y sí, el último destino no podía ser otro que Gili, las 3 ínfimas islas al este de Bali, donde está absolutamente prohibido estresarse.

¡¡Buena onda 100%!! No por nada tiene su propia banda sonora oficial.

Ya de entrada te recibe con una playa blanca paradisíaca, a cuya agua cristalina tenés que saltar si o si ni bien bajás de la lancha que te lleva desde Bangsal, Lombok.

Ya los primeros pasos por el camino de arena costero, por el que podes dar la  vuelta completa a la isla en una hora, te dan la certeza de que tus únicas preocupaciones en el lugar van a ser comer y dormir.

Cuestiones que se resuelven rápido. Para hospedarse basta con elegir uno de los infinitos pondoks (hosterías) del lugar. En materia de comida hay varios restaurantes muy buenos, pero el mercado nocturno no tiene competencia.

En la isla no existen autos ni motos. Para suplir el déficit (turistas cansados de cargar sus mochilas) hay unos simpáticos carros tirados a caballo, similar al botellero pero para personas. Para recordar quién es el dueño de la calle tienen unas armónicas bocinas que te arrían fuera de su camino.

Hacés amigos fácil, están todos en la misma. Si con eso no te alcanza, la versión canchera local (entiéndase indonesios con peinado afro, gafas y paseando en cuero) tiene para ofrecerte palm wine (tuba), weed o mushrooms. Cada uno elegirá a que se le atreve.

No queda lugar para la violencia con un ambiente tan relajado: no hay un solo policía en toda la isla.

¿Actividades durante el día? Podés hacer snorkeling, bucear, andar en bicicleta (aunque probablemente se te atasque en la arena), rostizarte al sol o disfrutar de un trago mirando el atardecer. Crisis: llueve y estas cansado de dormir. No preocuparse, una buena sesión de masajes puede ser la solución.

El resto lo hacen los bares con música en vivo ofreciendo música de playa, o algún espontáneo jam de guitarras al que te puedas sumar...

Gili Trawangan
Yhya, de Libia
así es el agua

en el interior de la isla
a falta de montaña...
los carros, en este caso en Gili Meno
hace calor...

para la panzada: el mercado nocturno

meta frisbee



Olga & Olga de Rusia; algo me dice que no va a quedar en un encuentro


La lancha deja atrás las Gilis; en el recuerdo resonará por siempre una pegadiza melodía, que dice:
"Welcome to my paradise..."


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