21 jun 2013

El sueño del pibe

Punto de encuentro: aeropuerto de Bangkok. Ahí apareció con su mochila de 35L que le quedaba un poco chica, riñonera color azul y un drybag (bolso usado para deportes de agua) que explotaba. Lucía un poco desorientado pero contento. Lo llevé en el skytrain expreso, que en un tirón de 30 minutos conecta con la ciudad. Cena tailandesa en un restaurante con aire acondicionado para una noche de 30 grados. Cerveza Singha y charla tendida... satisfacción garantizada.

...

La empresa vislumbraba complicada. Mucho se habló y escribió sobre el camino de Bangkok a Siem Reap en Camboya... que es un mundo de chantas y oportunistas, que ni se te ocurra contratar un paquete de punta a punta, que el tren te deja lejos de la frontera, que la ruta es un desastre... Bien, con todo eso como antecedente, iniciamos el camino, que nos llevaría algo así como un día completo.

Optamos por la opción bus, teníamos una idea de dónde y cuánto salía, y allá fuimos. La salida no era exactamente donde pensábamos (digamos que vas a Retiro y tendrías que ir al puerto), pero después de preguntar, desconfiar, y tomar un taxi llegamos a la terminal. Allá nos subimos al primer micro que nos ofrecieron (salía enseguida) y la verdad, tan mal no estuvo. Que no tenga baño es algo normal, por eso para cada dos horas. Que el aire acondicionado funcione a medias también se aguanta. Que en vez de 4 horas tarde 5 estaba dentro de los márgenes.

Nos dejaría en la ciudad fronteriza de nombre Aranyaprathet, un verdadero Far West. Otra vez nos tiraron en un lugar desconocido – obviamente no directamente en migraciones – había que dejarle el negocio a los tuc-tuc1.

Una veintena de hombres encapuchados como piqueteros se acercaron a nosotros, al grito de “¡tuc-tuc! ¡tuc-tuc!”. La indumentaria era intimidante pero acorde al lugar: seco, sol que raja la tierra y viento que levantaba el polvo. El pibe no quería saber nada con caminar bajo semejante calor pero finalmente lo convencí. “No thanks”, sabíamos que la frontera quedaba ahí cerca.

Pero antes había que pasar por una enorme feria con todo lo que se pueda imaginar en una divisoria de países. Electrónicos, ropa como la que venden en los negocios de marca, bicicletas... Y mucha gente comprando. Son tailandeses que se acercan ahí, y en su mayoría vuelven a Bangkok con grandes bolsas para la reventa.


La salida de Tailandia fue rápida y sin complicaciones. Ahí veríamos como abastecen la mercadería para la feria: pasan unos enormes carros (del tamaño de una camioneta o más) cargados con bolsones hasta más no poder, empujados con mucho esfuerzo (tracción a sangre humana) pero sin sobresaltos a través de las barreras. ¿Qué hay adentro? Nadie sabe...

Nos esperaban los muchachos de migraciones de Camboya. De entrada nomás pedían los 20 dólares oficiales que cuesta la visa, más 3 adicionales escritos en un papel al lado del mostrador. ¿¿WTF??2 “Visa fee”, decían. La negativa costó 15 minutos de insistencia hasta que finalmente tomaron mi pasaporte.

A la salida había una cola de unas cientas de personas esperando al trámite definitivo... ¡no pude evitar hacer la cuenta de cuánto sumarían al final del día esos 3 USD per cápita! Pero había más: dado que la espera era larga, los mismos oficiales camboyanos ofrecían un servicio VIP para agilizar el trámite. El precio, negociable... ¡Buena opción para la familia!


Entramos a Camboya, sabíamos que lo más simple era tomarse un taxi, pero íbamos abiertos a lo que nos pudieran ofrecer. Una pequeña rotonda y NADA, ni un solo taxi... Había un camino con techo y un hombre en uniforme que nos ofrecía un micro que nos llevaría a la terminal de ómnibus. Todo muy lindo pero... ¿¿gratis??

Si bien se movía gente por todos lados, no parecía haber otro transporte público disponible. Terminamos subiendo, mucha desconfianza de por medio, junto con muchos otros turistas. Adentro varios muchachos con el mismo uniforme, incluido chofer. Nos contarían que lo suyo es ad-honorem, que la terminal está a unos kilómetros... más raro todavía.

El micro avanzaba y salía de la ciudad. Alejandro, un argentino que conocimos en Bangkok, peló su tablet con GPS y tiró la data: la única terminal de ómnibus marcada ya la habíamos pasado, y nos dirigíamos sin escala hacia el medio de la nada. Miramos alrededor, el resto de los gringos super-relajados divirtiéndose como si nada. Hablamos con el muchacho que nos hizo la introducción, nos dijo que faltaba un rato, que era una terminal nueva.

En esos momentos es donde aplico la siguiente filosofía: si el chorro, secuestrador o lo que fuera hizo tanto esfuerzo, fue tan sofisticado...  ¡hay que alquilarse un micro, tanta gente involucrada, uniformes! ...y bueno, premio al esfuerzo.

“Ya estamos jugados” coincidimos los tres, y nos entregamos al destino. Unos minutos más andando y el micro finalmente dobla para abandonar la ruta. Este era el final del camino...

“Bienvenido, terminal de omnibus turística Poipet” rezaba el cartel, y realmente era una terminal.


Nos tomamos el taxi como previsto. El precio no era muy distinto al que ya sabíamos (40 dólares por 250km), el servicio puerta a puerta lo valía. Merecido relax-descanso en el último tramo del viaje.

Y así llegamos a Siem Reap, que nos recibiría con su sorprendente infraestructura, gente siempre bien predispuesta, excelente gastronomía y claro, su tesoro histórico muy cerca de allí.

...

El pibe estaba feliz, finalmente habíamos llegado. Tiene 71 años, es mi viejo, y su sueño era conocer los templos de Angkor.











obsérvese el detalle de las columnas

la parte oscura es donde la gente apoya su mano

muchísmos locales trabajando en el predio. principalmente barriendo y dejándolo prolijo


Phnom Bakheng, el lugar ideal para ver el atardecer



Phnom Bakheng en su hora pico


el pibe con su bicicleta, ¡no había de su tamaño!


Angkor Thom

Angkor Thom, el grupo de templos que incluye Bayon, Baphuon, y las Terrazas; aquí la puerta de acceso 
Thom - al igual que Wat  está rodeado de agua

Bayon, el templo de las mil caras















Baphuon, pura escalera


prestando mucha atención se puede reconocer un Buddha recostado
se puede ir de templo en templo por unos hermosos caminos en el bosque

¡tuc-tuc a la espera! contratarlo por el día completo sale usd 15

cada "restaurante" es una franja de mesas debajo de un mismo techo. cuando estás cerca se pelean por que vayas al suyo
delicioso, especialmente el coco que se pidió mi viejo
hay infinidades de templos sin reconstruir que en cualquier otro lugar del mundo serian atracción turística. este, a metros de los restaurantes


Terraza del Rey Leproso

es una especie de laberinto con unas increíbles figuras en sus murales


Terraza de los Elefantes

tendrán una altura de 3m aprox (casi como un elefante real)


Preah Khan, o el templo que visitamos dos veces sin darnos cuenta de que era el mismo

cada visita nos habrá tomado hora y media, que limados











víctimas de las minas terrestres, presentes a la entrada de varios templos

Ta Prohm, templo-bosque

famoso por los grandes árboles que se mezclan en su estructura





el antes y después de la foto anterior


1 El tuc-tuc es básicamente una moto con un pequeño acoplado y lugar para 2-4 o más personas, según el caso y la comodidad deseada.  Es el medio de transporte local para distancias cortas, se usa como un taxi solo que es considerablemente más barato.

2¿¿Qué??, en inglés.

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