Tiempo de algo de naturaleza y de moverse un
poco después de tanto sociales y comida. Y que mejor que subir algún volcán
para despuntar el vicio. Ahora se presenta un problema, de los buenos,
precisamente el de la abundancia. Ergo: hay que decidir a donde ir.
En mi caso elegí dos volcanes activos: el
Bromo, archimegarecomendado por todos, y el Ijen, que si bien también es conocido
está más a trasmano. Pero con un atractivo especial del que hablaremos más
tarde.
El traslado desde Yogyakarta, donde estaba
parando, era muy simple. Minibús a falta de una red de transporte confiable, así dicen. Y así fue como me comi 10 horas en una combi chica con otros 10 turistas
y todos nuestros equipajes; media hora mas de espera al trasbordo a otra combi,
que en una hora mas nos dejaría en la base del cerro. Con el c**o chato, decí que había gente copada. Y algo positivo: en ese momento cualquier rollo de goma
espuma es como un sommier doble plaza con resortes individuales y pillow.
La mañana siguiente (entiéndase 3 de la
mañana) un jeep nos levantó para llevarnos a un punto panorámico desde donde
ver el amanecer (increíble, con una bruma que no terminaba de levantarse y la
vista de los volcanes de fondo), para luego acercarnos al Bromo propiamente
dicho para emprender la subida.
Y acá mi decepción. No es una picada como la de
un cerro común y corriente, tenga este mucha o poca convocatoria. Son unos 1000
metros de planicie por la que los jeeps te podrían acercar si no fuera que le tienen
que dejar negocio a los ponys, y después – cuando realmente se pondría
interesante – una escalera de hormigón, recta ni siquiera con onda, cortando
todo el encanto que todavía le podía quedar a un lugar que por el público parece
un parque de diversiones.
El paisaje es imponente, claro que sí. Eso hace
que realmente valga la pena visitarlo, y de hecho deben haber senderos
alternativos para acceder. Pero en mi opinión el Bromo no ganó tanta fama por su
belleza sino que, a diferencia de otros sitios tal vez más impactantes, es de fácil ascenso, y por eso le dan tanta rosca.
| el amanecer, el verdadera estrella; el pequeño a la izquierda es el Bromo |
| la bruma se iría retirando entre los arboles empujada por los rayos de sol... |
| en (cercanias de) la base del Bromo |
| procesión |
| el inmenso cráter del Bromo |
| la vista ahora despejada; la fila de puntos bien a lo lejos son los jeeps |
| en el borde |
| el paisaje lunar |
| desde el otro lado; hay unos diminutos puntos exactamente enfrente: son personas |
![]() |
| un loco que se largó solo |
Para la segunda etapa pensé en algo diferente.
Primero la combi, que para el servicio que nos ofreció me pareció un poco
salado. Sin dejar de lado que me rehuso a ser parte del “paquete”. Además,
¿cómo se mueven los locales? ¿No viajan? Veremos...
Igualmente use la combi para bajar hasta la
ruta, pero arreglando con el chofer por unas rupias menos. Y de ahí la terminal
de ómnibus estaba en frente. Esta se caracterizaba, como ninguna, por tener un
mafia de intermediarios que iban a tu caza para ofrecerte el pasaje al precio que querían. Advertido de antemano, espere afuera para subir al
bus cuando este saliera, y pagar directamente arriba.
La hora iba pasando y todos los micros iban
para otro lado, el calor se hacía sentir, cuando de repente apareció Laura, china
(la segunda y van) muy buena onda que hablaba perfecto inglés, así que
decidimos encarar juntos hasta Ijen.
La estrategia de esperar afuera fue un fracaso;
no hubo forma de negociarle al cobrador del colectivo y nos terminó sacudiendo
el doble que a los locales. Al final no se la llevó uno sino el otro....
moraleja: en Indonesia siempre alguien se lleva la tajada con los turistas.
El viaje en colectivo toda una experiencia. Una
cafetera, paraba en todos lados, siempre subía más gente de la que bajaba.
Mojados como recién salidos del mar pero no, lo divertido fue tratar de
entender qué estaban ofreciendo los vendedores de turno, y jugar con los
músicos ambulantes, que al vernos pelaron repertorio en ingles como guiño. Hasta que finalmente llegamos a Bondowoso, el pueblo del que se
accede a Ijen. Y acá lo imprevisto: los micros a la montaña solo salían de
mañana. A buscar una guarida y esperar al día siguiente. Eso sí, no sin antes
disfrutar de un rico nasi goreng después de una jornada extenuante.
| onda en el bondi |
Por suerte no hubo más contratiempos (Bondo no
tiene mucho atractivo) y arrancamos el último tramo. El pequeño bus se interna
en la jungla y cruza varias poblaciones originarias que, de forma bastante
primitiva, se dedican a la tala de arboles. Además de exigir peaje, claro.
También es la zona donde se produce el kopi luwak, un exclusivo café que en su
proceso pasa por las entrañas de la civeta. Quisimos probar, pero no había en
esa época.
Así llegamos a Sempol, el poblado donde se
acaba el transporte publico, con unos 12 km todavía por delante.
Oportuno el momento para presentar un nuevo
medio de transporte: el ojek. Ese que
cuando todo lo demás falla, ahí esta. Y se trata ni más ni menos que de
cualquiera que, disponiendo de una moto, ofrece llevarte para hacerse unos
mangos. Es muy común en Indonesia y en más de una ocasión, te salva.
Ya habíamos cerrado el precio para que nos
lleven, cuando se larga a llover torrencialmente. Paciencia china, nuevamente. La
tormenta no paraba, pero mágicamente apareció una gente en un minibús que estaba distribuyendo algunos productos por la zona, y también decidió hacerse unos
mangos.
La base del volcán consta de la casa del
guardaparques y dos cabañas muy básicas que ofrecen para dormir. Mas dos
bares, no podían faltar.
Lo que espera más allá, mucho mas interesante. Un
volcán rico en azufre que es explotado por mineros en forma de cooperativa. Es
interesante como trabajan, no parece el siglo XXI: lo que extraen desde dentro
del cráter, lo llevan cargado al lomo con un palo que tiene unido dos canastos
a sus puntas. De esa forma pueden cargar hasta 80 kg, subiendo y bajando de la
montaña varias veces al día. Digo, ¿no seria mas fácil con la ayuda de algún
animal?
Pero había algo todavía más interesante.
Bien adentro del cráter, el volcán suele mostrar un
fuego de color azul intenso, que dicen que es increíble. Eso nos convocó, eso iremos a ver.
No es tan fácil: hay que estar allí entre las 3 y las 4 de la mañana, y contar con la complicidad del
viento que sople en la dirección correcta.
Después de 3 km de caminata por momentos muy ardua,
al borde del cráter el panorama no era
alentador. La nube de vapor no dejaba ver absolutamente nada, ni siquiera la
dirección a seguir. ¿Y ahora? Acudir a los servicios que ofrece el minero,
claro.
Bajamos varios metros en una nube tóxica de
azufre que se iba haciendo cada vez mas densa e insoportable. Tapada la boca
con un pañuelo, igual que los mineros... ¿Como harán para aguantar, jornadas de
hasta 16 horas diarias?
Finalmente el premio, ¡el fuego azul! A
disfrutarlo... solo por un rato, hasta que las gargantas dijeran basta.
¿Lo bueno dura poco dicen? Parece que si, pero alimenta las ganas de buscar nuevas aventuras.
| Pos Paltuding (la base), con un grupo de banqueros de la ciudad cercana de Banyuwangi |
| primeras impresiones |
| entre los mineros y el vapor, el fuego azul |
| tarde... |
| ellos siguen noche y día... |


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