25 sept 2013

El Transiberiano

Cuenta la historia que hace años venía con la idea de ir a China, y que en ese momento estaba en la capital rusa, a escasos 7000 km. Hay que agregarle que trato de mantenerme lo máximo posible a nivel de la superficie para no perder contacto con la riqueza de pueblos y paisajes. La solución fue casi obvia: el Transiberiano.

Poco me interesaba el hecho de pasar varios días en el tren, o de bañarme en litros de vodka en el camino; lo mio era viajar lentamente hacia Siberia parando en distintos lugares, para finalmente virar hacia destino final. Aunque la experiencia global terminó siendo digna de contar.

Primero vamos a derribar un mito, y esto es un poco fuerte: ¡el Transiberiano como tal no existe! Que quiero decir con eso... No se trata de un tren diario que sale de Moscú, pasa por la dura Siberia y llega a la extrema Vladivostok. Mas bien es una traza que en su momento se construyó para fines logístico-militares, y que hoy alberga infinidad de servicios, cortos y largos, con toda la combinación de orígenes y destinos que se puedan imaginar. Cierto es que si querés hacer un tramo largo las opciones se reducen, y que el tren Moscú-Vladivostok de veras existe. Pero no quita lo esencial: salvo detalles, los trenes son todos iguales.

Hay una excepción, el Golden Eagle Trans-Siberian Express, que no es otra cosa que un tren de lujo que surgió de la demanda del turista acomodado que quería vivir la experiencia del tren tal vez más famoso del mundo, pero sin salirse de las comodidades de un hotel.

Para ampliar un poco hay que contar que hoy existen en total 3 recorridos partiendo de Moscú. El Transiberiano ya mencionado; el Transmanchuriano, que de Siberia cruza a la Manchuria china, y ahí vira hacia el sur destino a Beijing; y el Transmongoliano, que con idéntico destino se abre a la altura del lago Baikal en Rusia, corta por completo Mongolia y se aproxima a Beijing desde el oeste. Este último es el que tomé.

Paso seguido, comprar lo pasajes. Y acá hay que ser sumamente cuidadoso. En primer lugar porque se podía comprar online, pero la página estaba escrita íntegramente en ruso. Piloteable: existen unos didácticos tutoriales, el traductor que trae el Chrome y las búsquedas online del nombre de las ciudades, ¡porque "escrito en ruso" implica el uso del alfabeto cirílico!

Superado esto, atenti a un detalle. Rusia está atravesada por 9 husos horarios, y los horarios de los trenes increíblemente están en horario de Moscú. No solo te marea al comprar, sino que cada vez que tomás el tren tenés que recalcular la hora para ver qué dice el pasaje. Lo más bizarro son los relojes en las estaciones, que muestran el horario de la capital. ¿Una buena entre tanto vericueto? Hace poco la Rzd incorporó en su pagina la venta de pasajes en inglés... próximos viajeros, agradecidos.




A rodar. Como es costumbre en Rusia el tren sale puntual. La primera persona con la que te encontrás acordátela bien y procurá llevarte bien con ella. Es la provodnitsa, la mandamás del vagón. Controla los boletos, reparte frazadas, limpia a desgano, maneja su propio kiosco de golosinas y lo más importante: es la que pone orden.

En el tren la premisa es sentirte cómodo. Emulando a los rusos, hay que armarse de un set de short y musculosa para soportar el calor, y claro, las pantuflas. La toalla para secarte la cara, que es parte del combo, viene junto con la frazada.

Dicho esto, la población itinerante es básicamente local, por ahí encontrás 2-3 extranjeros por vagón, sobre un total de 54 en clase platzkart. Son interesantes las interacciones dentro del tren. De lo que pude observar y preguntar, pareciera ser un gran diván. En el rato que toca arriba del tren - no olvidar que hay una rotación permanente - hablan mucho de sus vidas, en especial con alguna señora mayor presente. Me tocó un flaco que subió a la madrugada y desde que entró no paró de descargar, además de tomar de su cerveza. Hace escasos días lo había abandonado la novia, y así estaba. Ahora sí, cuando llega el momento de despedirse, a otra cosa mariposa; la sesión terminó.


A alimentarse. Acá lo mejor es traerse algo de un supermercado, por costo y porque lo que ofrecen en el tren es un poco acotado. En la punta del vagón hay agua caliente, potable. Un golazo, te podés hacer unas ricas instant noodles ¡o hasta prepararte unos mates! Aunque para vivir de lleno la experiencia Transiberiano hay que pedirse un chay, el clásico té servido en vaso de vidrio adentro de un canasto metálico.

En las estaciones más importantes el tren puede llegar a parar por media hora, 40 minutos. Es el momento de estirarse y tomar aire fresco, no son muchas las oportunidades. También en el andén, esperan unas simpáticas babushkas (abuelas) que ofrecen sus productos caseros. Es la mejor compra porque para ellas significa una gran ayuda, y generalmente son muy buenos.


A disfrutar del paisaje (¿?). Lamento informar que después de las primeras horas mirando por la ventana ya sabés lo que te va a esperar los próximos días. Mayoría bosque, algunos claros de pradera, algún que otro cultivo. Ni siquiera pasar por los Urales cambia demasiado el panorama. La cosa se empieza a poner interesante a partir de Irkutsk, pero eso, en todo caso, será tema del próximo capítulo.

Siguiendo las vías del Transiberiano.


el platzcart (3ra clase)
hot water
estos (empleados) no querían que saque fotos porque estaban mirando una peli
esto fue de lo más pintoresco

Novosibirsk

vagón restaurant
uno de los pocos provodnik; acá se fuma
así es la cama de arriba
uno de los que tomé: Moscú - Jabarovsk
same same...
¡algunos siguen en pantuflas!
chay
mucho, pero mucho tren de cargas: vagones cerrados, combustible, autos, madera, rieles, etc.
Golden Eagle

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