Una parada obligada, cuando no destino final. El Transiberiano arriba a Irkutsk, la llamada París de Siberia, aunque no es pa´ tanto. Hay que tomar el tranvía que cruza el río Angara hacia la ciudad. No esta claro donde para pero finalmente lo encontramos: un cartel metálico cuelga de un cable de acero que cruza la calle. Momento de despedida de los polacos copados con los que compartí el último tramo sobre rieles. Noche de descanso y partida a las orillas del lago, ese al que rodea una aura de paz y aire de renovación.
El Baikal, la reserva de agua fresca más grande del mundo, trasciende totalmente esa estadística. Es atractivo por donde se lo mire. Se puede hacer trekking en su costa completa - aunque no siempre conectado y fácil de acceder - así como recorrer viejas trazas de tren en desuso, o simplemente observar su inmensidad desde el Transiberiano camino a Ulan-Ude. Hasta en invierno vale la pena visitarlo (aguantando sus -40°C), cuando se congela íntegramente permitiendo cruzarlo de costa a costa en 4 ruedas. También se practica ice fishing y ofrecen en alquiler unas bicicletas con clavos que me tentaron muchísimo.
Pero volvamos al verano, que es el presente. Como primera etapa me movilicé hasta Lystvianka, a una hora de Irkutsk, desde donde se puede arrancar hacia una práctica y muy disfrutable caminata por los bosques y acantilados de roca que bordean el lago allí.
En este reducto la mayoría de turistas son rusos que pasan a disfrutar las angostas arenas entre costanera y agua, en compañia de una buena cerveza y el increíblemente rico omul. A este pescado ya me lo venían recomendando desde Moscú y lo preparan ahumado. Lo venden a la entrada de casas particulares y en el mercadito local. A mi gusto se lo disfruta más cuando lo sacan caliente de unos contenedores de telgopor con papel aluminio.
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| Irkutsk |
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| Lystvianka |
El camino me lleva de vuelta a Irkutsk - siempre se vuelve allí - a tomarme una marshrutka a Olkhon island, y descubrir una faceta totalmente distinta del Baikal. Es un largo viaje cuya duración varía considerablemente dependiendo de la disponibilidad del ferry y el sentido de ubicación del chofer.
Olkhon espera con un pueblo totalmente inhóspito pero sumamente receptivo con los visitantes. Muy a mi pesar elegí parar en la hostería monopolio, lo que paradójicamente fue una excelente decisión. No solo los viajeros que conocí ahí cada uno y sin excepciones traían historias increíbles; el lugar aportaba lo suyo con cultura francesa en vivo así como números musicales locales.
La isla carece totalmente de infraestructura, el camino se hace al andar. Caminar, andar en bicicleta, aunque la mejor opción para conocerla rápida e íntegramente son las viejas, duras e indestructibles combis militares UAZ que no conocen limites a la hora de explorar terrenos traicioneros.
Remarco en que la zona es encantadora. El pueblo, de mayoría étnica buriata, te recibe con sus encantadoras facciones asiáticas (fetiche aparte). La creencia chamánica en las costas occidentales contrasta con las tradiciones budista-tibetanas del lado opuesto, que se extienden hacia el sur adentrándose en Mongolia. Se pueden visitar hogares para empaparse de la cultura chamánica, pero me pareció mucho más auténtico el recorrido que hicieron Ferran y Mireia - españoles con quienes coincidí en el hostel - por el valle de Barguzin parando en casas de campo.
La estadía se alarga más de lo previsto, los centros de energía que el chamanismo encontró en la isla se empecinan en retenerte. Luego de una recarga completa, el kairos dijo que es momento de continuar el peregrinaje, en busca de nuevas culturas.
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| trekking Bolshie Koty - Lystvianka (20km) |
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| omul! |
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| Baikal, Baikal (el viejo un fenómeno) |
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| Olkhon |
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| chamanismo |
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| nuestro chofer también hacia de comer y ponía música |
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| las chicas con los nombres mas cool que conocí en todo el viaje: Dunjia y Ji |
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| Buriatia |
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| el templo budista más grande de Rusia, a pasos de Ulan-Ude |
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