12 sept 2013

Uno más en Moscú

Ya pasaron unas semanas desde que arribé a Moscú y, quien hubiera dicho, haciendo vida de local. Estoy parando en lo de Olga, en las afueras de la ciudad en un suburbio impronunciable: Железнодоро́жный, o en nuestro alfabeto Zheleznodorozhny, lo cual no lo hace mas fácil.

Lo primero que salta a la vista es que la vida de Rusia está muy centralizada en su capital. Desde las decisiones políticas hasta la economía, todo gira alrededor de ella y existen diferencias centro-periferia abismales. Para sintetizarlo en un ejemplo, en Moscú por un trabajo similar se puede ganar hasta 3 veces más que en una ciudad satélite, a tan solo 40km de distancia. La actividad económica se concentra pero el costo de vida allí es prohibitivo, lo que genera que, salvo privilegiados, la gente habite los suburbios y se traslade diariamente a la ciudad.

Y precisamente eso es lo que estuve haciendo hasta ahora, claro que, teniendo la libertad, evitando los horarios pico. Una caminata de 20 minutos separa el departamento – un monoblock muy bien puesto – de la estación de tren. Como el invierno parece decir adiós definitivamente, se ven cada vez más chicos jugando en la calle y madres paseando a sus niños. Acá hay que aclarar el termino "calle": ventajas del centralismo y una buena planificación urbana, los monoblocks están agrupados y solo son invadidos por unas pocas calles angostas destinadas al ingreso de coches de propietarios. Por el contrario, los espacios internos están plenamente orientados a la vida al aire libre, con canchitas de fútbol, básquet, plazas con juegos o simplemente verdes. En todo ese paisaje, dos curiosidades: los barrenderos juntan los residuos - principalmente ramas - ¡en viejos carros para bebes! Increible pero real, no cuentan con elementos adecuados. Y en segundo lugar unos grandes caños aislados tendidos en el piso que son un paraíso para los chicos. Es la distribución de agua caliente, centralizada, que abastece a todo el barrio. O sea en las casas nada de calefón o termocentral, a no ser por un detalle: durante 2 semanas al año hay mantenimiento y se corta el suministro. Obviamente me tocó.

Los trenes suburbanos funcionan muy bien, con una puntualidad que sorprende. Son electricos, no esperemos trenes de ultima generacion pero cumplen. Al arranque y freno suelen tener un desacople electrico que interrumpe el dulce andar. Ya pasa a ser gracioso ¡no falla nunca!

Párrafo aparte para los comportamientos dentro del tren, como no podía ser de otra manera. Llegás al tren que espera para salir en Москва Курская - la terminal Este - y te la pasás vagones y vagones buscando lugar. Pero no por lleno sino porque la gente reserva asientos. Entendible hasta ahí, si no fuera que es para las estaciones siguientes... Y no uno cada 20, ¡un tercio de las butacas ocupadas con un diario, bolsa o botellita! ¿Te imaginás reservando un lugar en Once para un amigo que sube en Liniers?

Después es uso y costumbre ir lata de cerveza en mano, de medio litro obvio, Балтика (Baltica) domina. Puede haber urgencias, en ese caso no hay pudores y se descarga (aunque no es generalizado) en el extremo del andén.

En la punta de los vagones se fuma y de nuevo, el que tiene ganas deja su lugar y no solo cuando vuelve nadie se lo pencó, sino que todavía están las cosas que dejo ahí, sea bolso, maletín o cualquier otra. Grata sorpresa la de la seguridad, la verdad se anda muy tranquilo, incluso a altas horas de la noche.

Quiero cerrar el capitulo urbano con la marshrutka, que no es una mujer sino un simpático minibús, de nunca menos de 20 años, que opera en los suburbios. Tiene recorrido fijo y se le paga directo al chofer, que tiene la plata desparramada sobre una alfombra que cubre la tapa del motor. Para bajar no hay timbre sino que se le grita al conductor... por suerte en mi parada siempre baja gente y me evitan el discurso en ruso.

mate a la rusa
syrniki, un delicioso panqueque hecho a base de queso


Pasando a la periferia, mas allá de las diferencias ya marcadas, la vida es otra. Los espacios más amplios y el ambiente relajado. Se puede aspirar a vivir en una casa con jardín, rodeada de bosque y lagunas. También se ven con frecuencia esas adorables casas de madera que alguna vez poblaron todo Rusia. Y otras costumbres se mantienen, como preparar té para toda la familia con el samovar, o comer verduras sacadas de la huerta propia.

Vivir en las afueras también es la oportunidad para conocer algunas viejas capitales regionales de la zona, el llamado Golden Ring. Ciudades que se desarrollaban a la par de Moscú, hasta que esta despegó definitivamente y empezó a dominar al resto. Hoy conservan sus muros, iglesias y casco antiguo: el pasado en el presente.


Seguirá la vida urbana por unos días más, aunque se acercan los feriados del Día de la Victoria y será tiempo de unas minivacaciones. Sí, para no desentonar con la vida de los moscovitas.




ningún problema



otra vida
té con el samovar: en él se hierve el agua; en la tetera se prepara el té concentrado; se agrega agua a gusto en la taza
pashalnie zaitsa, huevos decorados para ocasión de la pascua ortodoxa

casa en Pavlovskiy Posad
Suzdal
interior de iglesia
una vieja iglesia de madera
reconstrucción del interior de una casa de campo; el samovar, infaltable
molinos de distintas épocas
se siguen usando
el pryanic, típico de Tula
San Basilio
río Moskva

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