München (o
Munich para los hipanoparlantes) surgió de la nada. Apareció la propuesta de ir
un fin de semana a caminar por la montaña y dije, ¿por qué no?
Y así nos
pusimos en campaña. Como no estaba en los planes (ni en el presupuesto) decidí
probar con el colectivo. Compra de los pasajes por internet, costó un poco
encontrar el micro en un lugar improvisado al costado de la estación de tren. Me
encontré con más gente que iba a Munich y ni uno solo sabía donde era...
Pero ahí
apareció el móvil en su inconfundible
amarillo patito, con un hombre de rasgos eslavos que se paró en la
puerta. Me acerco para proceder al check-in, y el maestro en vez de planilla ¡¡pela
iPad!! y me busca por ahí. Más práctico ¿no?
El hombre
era el chofer, que hace absolutamente todo. Controla pasajes, carga los bolsos,
te mantiene al tanto durante el viaje por sistema de audio interno (sí, como si
fuera un tren o avión), ¡¡vende snacks!! y hace chistes sobre el estado del
tiempo. Ah, y maneja.
| llegada a München |
| terminal de omnibus, la primera que veo en Alemania |
Luego de un
viaje tranquilo llegamos a la ciudad del Oktoberfest – era Oktober pero no había
Fest, tranquilo que cerveza se consigue todo el año – y me largué a caminar. Normalmente
antes de visitar una ciudad suelo informarme a donde ir, pero esta vez quise
jugar al “turista espontáneo”. Consegui un mapa por ahí para cuando me pierda,
y a patear. Y a dejarse llevar por la masa de gente que se había volcado a la
calle, más tarde entenderé que a disfrutar los últimos dias de calor.
München
tiene muchas peatonales y se presta para eso, con puestos de descanso estratégicos
(cervecerías) a la calle. Todo decorado con arreglos florales y muy limpio.
También tiene muchas curvas y contracurvas, conlusión finalizada la jornada en
un cruce de 6 esquinas, no pude evitar
el uso del mapa.
En el
recorrido (no me pregunten dónde) me crucé un Globetrotter (el local para
mochileros), esta vez el doble de grande que el de Frankfurt, y otro parecido
de nombre Schuster. Im-pre-sio-nan-te la variedad de cosas que tenían. Deporte
que imagines, lo encontrás. Si ya los alemanes mueren por las actividades al
aire libre, en Baviera tienen los Alpes cerca y los medios (léase plata) para
equiparse.
Si de aire libre hablamos, domingo fue día de
montaña de la mano de los anfitriones Ale y Poldi. Bien desayunados,
arrancamos tempranito para aprovechar la luz del día; el destino elegido fue
Schliersee. Surgió ese lago, pero hay cientos en la zona y se puede conseguir una guía completísima del
tamaño de una biblia, como para salir sin miedo a perderse. Al lugar se llega
con un tren llamado BOB que, además de ir hasta la manija de gente hay que
cuidarse del vagón al que se sube... en un momento del recorrido el tren se
separa en distintas partes ¡y terminás en cualquier lado!
Desde un pintorezco
pueblo posado sobre la orilla del lago parte el camino al cerro. Andaba mucha gente
de todas las edades, desde familias con chicos hasta parejas mayores. Cada
tanto alguna casa o establo con espacio para pastoreo, todo muy prolijo.
La subida
no fue dificil, y despues de una mañana amenazante el cielo se despejó y nos
dejó una vista de ensueño. ¿Le agregamos un parador arriba para rehidratarse y
almorzar? ¿Y una siesta en el bosque? Completo.
Fue tiempo
de volver a la ciudad, agrandar el grupo y dar una vuelta nocturna – esta vez
bien guiados – para completar un dia que ya hace rato se había pagado.
Faltaba
resolver la vuelta a Frankfurt, y pense en darle una oportunidad a la
“Mitfahrergelegenheit”, que no es una puteada sino el sistema para ir con
alguién en auto a cambio de una modesta suma. Funciona así: ingresás los datos de tu viaje
en una página, y te tira los resultados de quienes ofrecen lugar en su móvil.
El conductor deja una pequeña descripción del estilo “paro en Atalaya” o “voy
en un Mini Cooper, manejo rápido pero seguro”, y el lugar de donde sale. Te contactás con
alguno, le confirmás, y listo... ¡¡Cumplen!!
Así viaje
en un Golf VI (nada de 4.5) con Thomas, un loco que todas las semanas hacía ese
viaje por laburo y que resulta que venía de otro lago al sur de München, el
Starnberger See. Muy buena onda, terminamos coincidiendo en que el alemán
debería relajarse un poco más, y en los beneficios de tomarse la vida sin
tantas presiones.
Vamos a
anotarlo como una regla de oro :)
| disfrutando la tarde |
| Schliersee |
![]() |
| a escasez de tiempo hubo que bajar patinando |
| Ale, Poldi, Xime y Nati |

Muy buenos lugares!!
ResponderBorrargenial blog Axel! segui produciendolo y viajamos todos! jaja abrazo
ResponderBorrarAbrazo newyorker! Y queremos nuevos posts de futura...
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