22 nov 2012

Aires bávaros

München (o Munich para los hipanoparlantes) surgió de la nada. Apareció la propuesta de ir un fin de semana a caminar por la montaña y dije, ¿por qué no?

Y así nos pusimos en campaña. Como no estaba en los planes (ni en el presupuesto) decidí probar con el colectivo. Compra de los pasajes por internet, costó un poco encontrar el micro en un lugar improvisado al costado de la estación de tren. Me encontré con más gente que iba a Munich y ni uno solo sabía donde era...
Pero ahí apareció el móvil en su inconfundible  amarillo patito, con un hombre de rasgos eslavos que se paró en la puerta. Me acerco para proceder al check-in, y el maestro en vez de planilla ¡¡pela iPad!! y me busca por ahí. Más práctico ¿no?
El hombre era el chofer, que hace absolutamente todo. Controla pasajes, carga los bolsos, te mantiene al tanto durante el viaje por sistema de audio interno (sí, como si fuera un tren o avión), ¡¡vende snacks!! y hace chistes sobre el estado del tiempo. Ah, y maneja.

llegada a München


terminal de omnibus, la primera que veo en Alemania

Luego de un viaje tranquilo llegamos a la ciudad del Oktoberfest – era Oktober pero no había Fest, tranquilo que cerveza se consigue todo el año – y me largué a caminar. Normalmente antes de visitar una ciudad suelo informarme a donde ir, pero esta vez quise jugar al “turista espontáneo”. Consegui un mapa por ahí para cuando me pierda, y a patear. Y a dejarse llevar por la masa de gente que se había volcado a la calle, más tarde entenderé que a disfrutar los últimos dias de calor.
München tiene muchas peatonales y se presta para eso, con puestos de descanso estratégicos (cervecerías) a la calle. Todo decorado con arreglos florales y muy limpio. También tiene muchas curvas y contracurvas, conlusión finalizada la jornada en un cruce de 6 esquinas,  no pude evitar el uso del mapa.

En el recorrido (no me pregunten dónde) me crucé un Globetrotter (el local para mochileros), esta vez el doble de grande que el de Frankfurt, y otro parecido de nombre Schuster. Im-pre-sio-nan-te la variedad de cosas que tenían. Deporte que imagines, lo encontrás. Si ya los alemanes mueren por las actividades al aire libre, en Baviera tienen los Alpes cerca y los medios (léase plata) para equiparse.

Si de aire libre hablamos, domingo fue día de montaña de la mano de los anfitriones Ale y Poldi. Bien desayunados, arrancamos tempranito para aprovechar la luz del día; el destino elegido fue Schliersee. Surgió ese lago, pero hay cientos en la zona  y se puede conseguir una guía completísima del tamaño de una biblia, como para salir sin miedo a perderse. Al lugar se llega con un tren llamado BOB que, además de ir hasta la manija de gente hay que cuidarse del vagón al que se sube... en un momento del recorrido el tren se separa en distintas partes ¡y terminás en cualquier lado!

Desde un pintorezco pueblo posado sobre la orilla del lago parte el camino al cerro. Andaba mucha gente de todas las edades, desde familias con chicos hasta parejas mayores. Cada tanto alguna casa o establo con espacio para pastoreo, todo muy prolijo.
La subida no fue dificil, y despues de una mañana amenazante el cielo se despejó y nos dejó una vista de ensueño. ¿Le agregamos un parador arriba para rehidratarse y almorzar? ¿Y una siesta en el bosque? Completo.

Fue tiempo de volver a la ciudad, agrandar el grupo y dar una vuelta nocturna – esta vez bien guiados – para completar un dia que ya hace rato se había pagado.

Faltaba resolver la vuelta a Frankfurt, y pense en darle una oportunidad a la “Mitfahrergelegenheit”, que no es una puteada sino el sistema para ir con alguién en auto a cambio de una modesta suma.  Funciona así: ingresás los datos de tu viaje en una página, y te tira los resultados de quienes ofrecen lugar en su móvil. El conductor deja una pequeña descripción del estilo “paro en Atalaya” o “voy en un Mini Cooper, manejo rápido pero seguro”,  y el lugar de donde sale. Te contactás con alguno, le confirmás, y listo... ¡¡Cumplen!!

Así viaje en un Golf VI (nada de 4.5) con Thomas, un loco que todas las semanas hacía ese viaje por laburo y que resulta que venía de otro lago al sur de München, el Starnberger See. Muy buena onda, terminamos coincidiendo en que el alemán debería relajarse un poco más, y en los beneficios de tomarse la vida sin tantas presiones.
Vamos a anotarlo como una regla de oro :)

disfrutando la tarde





Schliersee





a escasez de tiempo hubo que bajar patinando

Ale, Poldi, Xime y Nati

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