5 nov 2013

La vida en un ger

Mongolia despierta curiosidad, en especial intriga cómo vive gran parte de su gente, esa que habita en esos puntos blancos que se multiplican a lo largo de la vasta estepa. Aquí un mini-viaje a la intimidad de ese mundo.


Bienvenido al ger

Abrimos la puerta de madera, hay que tener cuidado de no darse con la cabeza. Por suerte adentro entra parado hasta el más occidental de los visitantes. La bienvenida es cálida, auspiciada por la amplia sonrisa mongola, más su genial y contagiosa risa.

En el centro del ambiente hay una cocina económica, más un cajón de chapa con el combustibe, ramas o bosta según la ocasión. Hacia arriba sale un caño-chimenea que se pierde por un hueco en el techo de lona. El piso está cubierto con una alfombra plástica con dibujos de parquét. Allí sentado en el piso es donde se come, se toma el té o duermen los niños.

Los padres de familia pueden considerarse más privilegiados. Cada uno tiene su propia cama, una a cada lado, lugar que se respeta también en función del lugar que le toca ocupar en la estructura familiar. El ala materna suele albergar utensillos de cocina, alimentos no perecederos y cacharros varios. Del lado opuesto hay monturas, ropa de trabajo y pocas cosas más.

Al frente omnipresente, un pequeño santuario hogareño. Desarrollo le dicen, el pobre Buddha le está cediendo el protagonismo a la caja boba a gran velocidad. ¡Nuevos valores se hacen presentes!

Unos pocos muebles completan el panorama, siempre de alegres naranjas dominantes. Nada más. Vivir con lo mínimo.



el termo con té de leche; en el bol, aaruul: la mancha negra sobre la alfombra es un bebé
el rincón femenino

la lona es sujetada con zunchos de goma; como aislante se usa, entre otras cosas, lana de oveja



Un mundo de bichos

Pero, ¿de qué viven los nómades? ¿Cómo logran tener todas las necesidades básicas cubiertas, y más?

Básicamente crían ganado. Ovejas y cabras pican en punta, en particular usadas para la esquila. Esencial para hacer frente a los bravísimos inviernos, pero también una buena fuente de ingresos en el caso de la cabra, cuya lana se usa para producir cashmir.

Vacas y yaks (una especie de bufalos de pelo largo) aportan con proteínas, cuero y leche. Esta última es materia prima para el aaruul, también conocido como el caramelo mongol, hecho a partir de yogur seco. Es de sabor muy intenso, tanto que es difícil de digerir. Salvando la diferencia en el gusto, la experiencia es como comer roquefort en cantidad y sin pan. ¡Puaj!

Pero hay un animal que recibe trato preferencial. Compañero fiel del nómade, lo acompaña desde el alba hasta al ocaso. ¿El perro? No, se trata del amigo el caballo, ayudante ideal en las tareas de pastoreo. Es algo más bajo que al que estamos acostumbrados... ¡caballo asiático! ¿Cómo iba a ser si no petiso?

Aunque la traición dice presente: más de una vez he visto baqueanos arriando arriba de una moto. Por suerte para su futuro, sin caballo no hay airag, su leche que, fermentada y a temperatura natural, es favorita entre locales.

“La vida no es lo mismo que lo que era”, finalmente dirá un relegado camello. Su trabajo es llevar las cargas pesadas pero una vez más, baratas camionetas chinas hoy hacen la tarea más simple.






impecables
inseparables

Vida nómade

La misma dinámica del pastoreo los hace moverse. Las cada vez menores áreas verdes obligan a que en verano una familia deba mudarse hasta 3 veces para mantener a su tropa bien alimentada.

Esto los hace expertos en armar y desarmar su casa. Los más hábiles pueden dejar habitable su ger en un increíble tiempo récord de  media hora. Después solo hay que agregarle un pequeño pozo para plantar el baño orgánico, y armar el corral para separar el ganado. Tan simple. Cuánto para aprender.

Los que no se olvidan de aprender son los niños. ¿Cómo logran eso? No, no existen las escuelas nómades. Durante la época escolar a los chicos se los manda a estudiar a la ciudad. Así, el país maneja una envidiable tasa de alfabetización del 97,4%. Y los chicos disfrutan de unas saludables vacaciones de regreso en sus  hogares al aire libre.


¿Volverán una vez terminados sus estudios? Esa es la pregunta, en esta Mongolia que se debate entre la riqueza de su tradición y las mieles dulces del progreso...



esquilando a tijera
esta es la indumentaria oficial
al calor, sombra
comparando con una vaca no sale nada
¡tierras como estas se buscan!
casa-kit
primeros pasos
 

a las alfombras que decoran la pared nunca les falta un Chinggis Khan
ayudando a ventilar el ger
¿qué será de tu vida?

Si estas interesado en más sobre la vida nómade chequeá el proyecto de Loes, y no te pierdas los increíbles videoclips de música mongola.

23 oct 2013

Una semana en el Gobi, segunda parte

El camino es largo, nuestra camioneta UAZ de a poco acuso el ritmo y tuvo cada vez más frecuentes "paradas técnicas". Las habilidades de Baggi se la bancaron bien hasta que el último día, cuando el carro dijo basta. Y nuestra paciencia también. Desgracia con suerte: después de días de desierto quedamos en las puertas de una ciudad. Fácil de encontrar para la camioneta amiga que trajo el repuesto. Zafamos.

Durante el andar el deleite claramente pasaba por las charlas que, con españoles e italianos, ¿en torno a qué podían girar si no es a la comida? Tanto aprendí de las delicias de nuestras madres patrias - diría más que sobre el Gobi - que ahora me tengo visitas prometidas a esos países tan solo para explorar esa veta. Pasa eso al viajar: más conoces, más puertas abrís, más querés descubrir.

Y si de comida hablamos, hay que decir que en Mongolia no se destacan precisamente por sus destrezas culinarias. Es puramente calórica, a base de carne de pésimo corte (lleno de grasa), papa, fideos y algunos mínimos vegetales. En parte porque la actividad del nómade así lo requiere - especialmente en invierno - pero también por la falta de variantes. La fruta y verdura es excesivamente cara ya que se la trae de muy lejos.






La escacez de agua se hace sentir, tal vez el único faltante importante en la zona. A metros de los gers existen unos recipientes de no mas de un litro para lavarse las manos, la cara o los dientes. La válvula deja salir unas pocas gotas por vez, lo cual termina siendo más que suficiente. Obliga a repensar nuestras costumbres de derroche ante un recurso tan imprescindible como limitado.

Esas circunstancias hicieron que, luego de unos días sin bañarnos, el cañón con otrora despreciable arroyo por el que pasamos terminara siendo una panacea. Caballos salvajes, ni lerdos ni perezosos, estaban en la misma que nosotros.

Pero lo que arrancaba como un hilo de agua, para nuestra sorpresa culminaba un valle completamente verde, con tierra húmeda, unos cuantos cuises (¿eran cuises?) asomando de sus madrigueras y muchos turistas franceses sub 70 saludando en su idioma.

La fauna siguió regalando lo suyo. En la formación rocosa de Baga Gazariin Chuluu, y gracias al radar que tiene Ferrán para los bichos, en sigiloso aborde pudimos avistar un nido de águila habitado por pichones en pleno crecimiento. ¡Increíble!

Los bichos con dueño no quieren ser menos. Parecen tener una obsesión por ponerse en el camino. Cabras y ovejas al primer bocinazo salen corriendo, aunque son multitud y no siempre agarran pal mismo lado. Los caballos también son sensibles, mientras al camello hay que insistirle bastante. Ahora sí, la vaca no se mueve por nada. Ni mu.

Ya que tocamos temas de convivencia, tengo una historia. Una noche estábamos durmiendo los cuatro en el mismo ger, ya era casi amanecer cuando escucho un pedo. Y después otro. Medio dormido pensé: Bueno, somos varios, y con la comida a la que no estamos acostumbrados puede pasar... Pero siguieron uno detrás del otro, tanto que ya era un verdadero concierto.

Mi curiosidad no pudo más y tuve que alzar la cabeza para ver que pasaba. El ruido venía de todos lados. Me levanté, asomé el cuerpo hacia afuera y ahí estaban: ¡cientos de ovejas atacando nuestro campamento! No solo haciendo la digestión matutina sino desatando los cabos del ger y dejando regalos por todas partes...

Pronto las arriaron hacia otro lado y, aunque sea por un rato, pudimos estirar el sueño. Último previo a una larga jornada de regreso a la ciudad.

¡¡Qué lugar el Gobi!!... ¿Y si se pudiera alargar el sueño?














Tsagaan Suvarga (o estupa blanca)


Baga Gazariin Chuluu



también llueve en el desierto, y deja estas cosas...