6 feb 2013

La patria pistera


Si algo uno hace al llegar a un país nuevo – mundo nuevo en este caso – es observar absolutamente todas las novedades que puede. Entre ellas, sin dudas, un protagonismo importante se lo llevan esos objetos con un simbolismo como pocos otros: los autos.

Y si algo me llamó la atención entrando a Malasia, fue la cantidad de Toyotas. Prácticamente uno de cada tres rodados circulando en la autopista llevaba el logo de la marca japonesa. No solo autos... también utilitarios, vans y minibuses ¡inundado!

Pero con el correr de los kilómetros eso cambió. De a poco fueron asomando nuevos especímenes: algunos conocidos, otros no tanto y finalmente algunos completamente extraños.

En el primer grupo de los esperables, orientales que también llegaron a Argentina o Europa como Honda, Mazda, Mitsubishi, Nissan, Susuki, Kia, etc, etc.
Rápidamente pasemos a la segunda categoría, la de los medianamente familiares...





Había una vez un juego de rally para PC – genial por cierto – que robó algunas cientas de horas de mi vida. Había varios coches para elegir entre Subaru, Skoda, Ford, y si bien mi favorito era el Renault Mégane, el que nos interesa en este momento es el Proton...

Nunca supe bien de donde venía pero bien, resulta que este tal Proton era un coche de fabricacion malaya. Y se lo ve mucho, principalmente los modelos viejos usados como taxi o como auto batata1.
Con el tiempo también han aparecido modernos modelos como el Satria2, que no tienen nada que envidiarle a los nuestros.

cumple ambas condiciones: taxi + batata

Pero seguían circulando unos bichos que no los tenía de ningún lado. Un logo con una ¿D o una P? Como eran medio cuadrados y de diseño no muy logrado, primero pensé que Dahiatsu hubiera cambiado su logo, pero los modelos no cuadraban ni ahí. Varios días de misterio hasta dar con la respuesta.

¡Y terminó llamándose Perodua! Perusahaan Otomobil Kedua Sendirian Berhad para ser más específicos, traducido “segundo fabricante de autómoviles”. Fue un proyecto del gobierno que vio la luz en 1992, para completar los segmentos de mercado que no ofrecía Proton. Todo un descubrimiento.
¡Y ahora tiene el 30% del mercado!


el coche de la "p"


Las dos marcas de bandera no son casualidad, definitivamente son tuercas en Malasia. Sacan modelos de fábrica con detalles estéticos y de performance. Inmensa mayoría con vidrios polarizados como en Argentina, y les gusta personalizar: spoilers, alerones, ploteados, neón, se ve de todo.

Acá una pequeña muestra... ¿ganas de subirte a alguno?



mazdaspeed

se le puede poner onda al city...
ORNI (objeto rodante no reconocido)
linterna verde
un clásico
no se salvan
¿fanático?


Referencias
batata: coche viejo y gastado que sólamente cumple la (noble) función de transportar pasajeros

27 ene 2013

Sobre landrovers, frutillas y traffic-jams


Es un lugar especial. Como anticipando eso, el chofer del colectivo para, baja a comerse un durian y se fuma un pucho. Una familia también baja, parece que son comunes las paradas sin aviso...

El camino se hace angosto y sinuoso,  bordea la frondosa montaña. Pared de un lado y barranca del otro, cada tanto al costado un puesto que vende frutas, virtualmente colgando sobre el abismo. El chofer se ve obligado a tocar bocina en cada curva para evitar males mayores.
Bienvenido a Cameron Highlands.



Como el nombre lo indica, se encuentra en las alturas. Unos 1200 metros sobre el nivel del mar para ser más exactos. Esto ofrece un clima favorable para los cultivos, en especial de fruta y verdura – claramente la mejor novedad de la zona. Se ven huertas, no muy extensas debido al terreno, pero muy prolijas y bien llevadas. Esto se traslada al mercado, con numerosos puestos ofreciendo los productos recién traidos.

La temperatura bajó de los 30 grados en la planicie a unos 18 grados en las alturas, de noche menos. Y sigue lloviendo fuerte de tanto en tanto. Eso no cambia.

Llegando a la zona del hotel, oh sorpresa, todo inundado. La calle, que estaba en reparación, perdió su drenaje natural. Medio perdido que estaba, le pregunté  como llegar a una persona mayor que atendía un local de comida callejero. No entendía inglés y era sordomudo, pero fue a buscar un block para que le escribiera el nombre del lugar. Y me llevo de la mano hasta el sendero por donde se podía esquivar el agua. Gentileza malaya.

lluvia y montaña (el viaje en bondi)

En Cameron Highlands hay 3 cosas para hacer: visitar las plantaciones de té, ver la rafflesia y subir un cerro para visitar el bosque petrificado.

No soy muy amigo de los tours, pero en algunos casos son necesarios. Y ese día reunía 3 razones: estaba solo, los lugares lejos o inaccesibles, y estaba corto de tiempo.

Como su nombre lo indica, Cameron Highlands fue bautizada por ingleses. Y para no sentirse tan lejos de casa (¿será?) trajeron cientos de Landrover, quizás la población más grande del mundo. Los hay chicos, grandes, lindos, feos, niños, ancianos y de todas las profesiones.
¿Que nos pasó a buscar para hacer el tour? Una oportunidad para adivinar... Sí, un Landrover.

Primero a ver la rafflesia, una flor gigante que tarda unos 15 meses en crecer para florecer durante solo unos pocos días. Los especímenes son escasos y están en un lugar secreto del bosque. Posta que era así, si nuestro guía estaba nervioso por que no nos cruzáramos al grupo de la competencia y así mostraramos el camino.

Quedaba a unos 60 km del pueblo, más 2 horas caminando. Y valió la pena, no sólo por la flor – el tiempo la va a convertir en una simple anécdota – sino por el recorrido.

Luego veríamos la fábrica de té. Y quitémosle lo romántico: era una vieja instalación donde pusieron a unos muchachos a hacer como que trabajan, seguido de un recorrido explicativo, para terminar en el salón de ventas ofreciendo los productos de la fábrica industrial. Pero muy didáctico.

Pasado eso, la vista hacia la plantaciones es increible. Digno de sentarse en la terraza de la casa de té ¡no podía faltar! y observar...

La vuelta nos preparaba más sorpresas. ¡En la ruta se haria traffic jam (embotellamiento)! Pasa que a eso de las 5 de la tarde, ante la cantidad de puestos que se instalan al costado de la ruta, los coches circulan a paso de hombre y hasta paran a mirar, provocando colas interminables. Sin exagerar unos 2-3 km, o sea la distancia de un pueblo al otro, todos los días.

¿Más sinsentidos? La butterfly farm, que en lugar de un criadero de mariposas resultó ser un zoológico. Traían a los coloridos insectos en sobres de papel para que mueran en el encierro. O el strawberry farm, un lugar donde vendían todos los derivados y no derivados de la frutilla: mermelada, licuado, helado, peluche, paraguas... ¿Se entiende por qué no me gustan los tours?
Bueno, el licuado estaba rico...

durian

Medio día más, quedaba tiempo para ver el bosque petrificado y recorrer las plantaciones de té, esta vez por cuenta propia. Un acierto, subí el cerro por una picada donde no me crucé un alma, y el camino de vuelta pasaba directamente por dentro de la plantaciones, pleno campo.

Había un detalle, a esa altura faltaban 15 km hasta el próximo pueblo, me sentía una chola de esas que se ven caminando solitarias por las rutas de Bolivia y te preguntás ¿de dónde viene y hacia dónde va?

Habrá pensado lo mismo un coche que paró, una pareja divina de veintipico que se ofreció a llevarme. Terminamos yendo juntos a un museo en la ruta y tomando unos licuados. No dejo de sorprenderme con la solidaridad local. Eran de Kuala Lumpur, como para revertir la imagen de la capital.

Broche de oro y a seguir camino...



Tanah Rata





plantaciones de té
un fiasco
el buda, de adorno (bastante loquito el chofer)

prolijas huertas


sólo en la naturaleza







19 ene 2013

Contrastes


El micro para y uno por uno empiezan a bajar los algo así como 30 pasajeros que iban arriba. Llegamos a una enorme terminal, rodeada de cerros, sin rastros de metrópolis a la vista... ¿Llegamos? Así arranca mi aventura en Kuala Lumpur (KL para los amigos).

KL tiene esas cosas, convive el caos con la modernidad. Fiel reflejo del gran desarrollo de un país, que todavía muestra la identidad de un pasado no tan lejano.



 

El caos. Luego de tomarme el tren a la ciudad, acudí en medio de la lluvia en busca de alojamiento. Tenía un par de recomendados que costó un Perú encontrarlos en medio de tantas jalan (calles en bahasa malay), pero una vez ahí me topé con que me atendió  una empleada de limpieza (no había recepción) que no hablaba inglés y tampoco podía comunicarse con nadie para ayudarla. Ahí seguí viaje, entremedio de las galerías que protegían de la tormenta, y también hacían de hogar a numerosos sintecho. El destino terminó siendo un hostel a todo trapo, impecable, algo de aire entre tanta humedad.

Las motos dominan la escena, en cantidad doblan o triplican a los coches y se mueven por donde quieren. Cuando en una avenida el semáforo se pone rojo, unas 50 motos se adelantan a los autos, y a la luz de largada la horda se lanza sobre el asfalto vacío.
En las horas pico se torna mas crítico todavía y ganan nuevos espacios. Ante los autos estancados, las veredas se convierten en pasillos (de alta velocidad) ideales para ganar tereno. ¡¡Caminantes corransé!!

Ahora cruzar la avenida... ¡eso sí que es un arte! Si estás en un cruce no hay momento en que dejen de circular vehículos. Vienen de 10 lados distintos y jamás terminás de entender la secuencia. Cuando el ciclo se renueva te diste cuenta de que nunca se consideró al que quería cruzar a pie.
Hay algunos semáforos para peatones. Digamos tantos como tréboles de cuatro hojas, pero los hay. Iluso, en uno de ellos mi primer intento fue usar el pulsador, de esos que en cualquier lugar del mundo sirven para que el semáforo cambie a verde... Nunca se percató.

¿Cómo pasamos del otro lado? ¿Y si (para agregar dificultad) la avenida no tiene cruce en 500 metros, como suele suceder? Ahí es donde aperece ese genial invento asiático, “el poder de la mano”.
La técnica es la siguiente: al primer coche medianamete lejos como para que tenga tiempo de frenar, el peatón extiende la mano con un gesto de “pará” o “bajá la velocidad” y empieza a avanzar lenta pero decidídamente en forma perpendicular a la calle. La velocidad debe ser constante, sin parar, y manteniendo el gesto con la mano hasta llegar a la vereda opuesta. Magicamente el tráfico frena, acepta al peatón como un animal más de la jungla y permite su paso ¡¡Grosso!!

Si no juntás el coraje, entre la masa de gente siempre vas a encontrar a alguien que haga el trabajo por vos. Simplemente te ponés detrás como para que lo pisen a él primero, y le copiás los movimientos. Igualmente la mejor experiencia es hacerlo solo. Eso sí, a no intentarlo en otro lado...





el orgullo, representado en su logo
Sungai (rio) Klang


El progreso. Ya se notó en la terminal de omnibus (si bien todavía desordenada)  y el tren hacia la ciudad: el desarrollo llego a KL. Cuando vieron que su sistema de transporte estaba colapsando, en lugar de subtes hicieron un monoriel, junto con varios trenes elevados. Es imponenete verlo mezclarse con los infinitos edificios. Y digno de usarlo todas las veces que se pueda para una privilegiada vista de la ciudad.

Mediante esta red se accede fácilmente al orgullo de la ciudad, el Golden Triangle, donde se ubican los rascacielos, las oficinas de las grandes empresas, los shoppings y el entretenimiento. Allí se encuentran las famosas torres Petronas, el KLCC (centro de convenciones) y la KL Tower. Y cómo olvidarme, un delicioso paseo con comida local y tailandesa.
Del monoriel no se baja directo a la vereda. En la zona abundan las pasarelas que conectan las estaciones directamente con los edificios o con otros barrios, nada de pelear con el tráfico. Un auténtico mundo aéreo.

La nota de color se la llevó Batu Caves, una cueva en las afueras de la ciudad dentro de la cual se construyó un templo hindú.
Salimos temprano a verla y yo no había desayunado, por lo que me compré un roti indio con salsa para comer arriba en la cueva. La escalera estaba repleta de monos, al acecho de cualquiera que les pudiera alimentar. Se empezaron a juntar monos a mi alrededor y en un momento de descuido manotearon la bolsa, que cayó al piso. Pude recuperarla, así que empezamos a jugar “te muestro la bolsa para que te pueda sacar una buena foto”. .. Funcionó, el simpático primate miraba atendamente el alimento, hasta que en un momento empezo a chillar amenazante... Fin del juego, a seguir caminando lejos de los monos, con la comida no se jode.

Vuelta para descansar, el hostel terminó siendo un boliche. Todas las noches en la terraza se armaba fiesta – con bandas y arengador incluidos – que musicalizaba todo el vecindario y no dejaba dormir. Acá cabe aclarar en cuanto a la música, es la misma que escuché en boliches de Europa, y probablemente no cambie en la disco local. También lo mismo retumba.
Quién hubiera dicho, ¿el hostel como metáfora de la ciudad?

Si no puedes con tu enemigo... ¡únetele!


Perdana Botanical Gardens




en el tren :)
Golden Triangle

Doraemon
la Galeria Jardin local
(parecen) simpáticos
Batu Caves

vieja estacion Kuala Lumpur, la reemplazaron por un moderno centro de tranferencias



Petronas Towers
lobby
pasaje subterráneo entre edificios

El TOP 10 de las noches:

We found Love – Rihanna ft. Calvin Harris
Call Me Maybe - Carly Rae Jepsen
Good Feeling – Flo Rida
Nicki Minaj - Starships
Beauty and the Beat - Justin Bieber ft. Nicki Minaj
Moves Like Jagger - Maroon 5 ft. Christina Aguilera
Stronger - Kelly Clarkson
Glad You Came - The Wanted
What Makes You Beautiful - One Direction
Party Rock Anthem - LMFAO ft. Lauren Bennett, GoonRock