Es un lugar especial. Como anticipando eso, el
chofer del colectivo para, baja a comerse un
durian y se fuma un pucho. Una familia también baja, parece que son comunes
las paradas sin aviso...
El camino se hace
angosto y sinuoso, bordea la frondosa
montaña. Pared de un lado y barranca del otro, cada tanto al costado un puesto
que vende frutas, virtualmente colgando sobre el abismo. El chofer se ve
obligado a tocar bocina en cada curva para evitar males mayores.
Bienvenido a Cameron Highlands.
Como el nombre lo indica, se encuentra en las
alturas. Unos 1200 metros sobre el nivel del mar para ser más exactos. Esto
ofrece un clima favorable para los cultivos, en especial de fruta y verdura –
claramente la mejor novedad de la zona. Se ven huertas, no muy extensas debido
al terreno, pero muy prolijas y bien llevadas. Esto se traslada al mercado, con
numerosos puestos ofreciendo los productos recién traidos.
La temperatura bajó de los 30 grados en la
planicie a unos 18 grados en las alturas, de noche menos. Y sigue lloviendo
fuerte de tanto en tanto. Eso no cambia.
Llegando a la zona del hotel, oh sorpresa, todo
inundado. La calle, que estaba en reparación, perdió su drenaje natural. Medio
perdido que estaba, le pregunté como
llegar a una persona mayor que atendía un local de comida callejero. No
entendía inglés y era sordomudo, pero fue a buscar un block para que le
escribiera el nombre del lugar. Y me llevo de la mano hasta el sendero por
donde se podía esquivar el agua. Gentileza malaya.
En Cameron Highlands hay 3 cosas para hacer:
visitar las plantaciones de té, ver la rafflesia
y subir un cerro para visitar el bosque petrificado.
No soy muy amigo de los tours, pero en algunos
casos son necesarios. Y ese día reunía 3 razones: estaba solo, los lugares
lejos o inaccesibles, y estaba corto de tiempo.
Como su nombre lo indica, Cameron Highlands fue
bautizada por ingleses. Y para no sentirse tan lejos de casa (¿será?) trajeron
cientos de Landrover, quizás la población más grande del mundo. Los hay chicos,
grandes, lindos, feos, niños, ancianos y de todas las profesiones.
¿Que nos pasó a buscar para hacer el tour? Una
oportunidad para adivinar... Sí, un Landrover.
Primero a ver la rafflesia, una flor gigante que tarda unos 15 meses en crecer para florecer durante solo unos pocos días. Los especímenes son escasos y están en un
lugar secreto del bosque. Posta que era así, si nuestro guía estaba nervioso por
que no nos cruzáramos al grupo de la competencia y así mostraramos el camino.
Quedaba a unos 60 km del
pueblo, más 2 horas caminando. Y valió la pena, no sólo por la flor – el tiempo
la va a convertir en una simple anécdota – sino por el recorrido.
Luego veríamos la fábrica
de té. Y quitémosle lo romántico: era una vieja instalación donde pusieron a
unos muchachos a hacer como que trabajan, seguido de un recorrido explicativo,
para terminar en el salón de ventas ofreciendo los productos de la fábrica
industrial. Pero muy didáctico.
Pasado eso, la vista hacia la plantaciones es
increible. Digno de sentarse en la terraza de la casa de té ¡no podía faltar! y
observar...
La vuelta nos preparaba más sorpresas. ¡En la
ruta se haria traffic jam
(embotellamiento)! Pasa que a eso de las 5 de la tarde, ante la cantidad de
puestos que se instalan al costado de la ruta, los coches circulan a paso de
hombre y hasta paran a mirar, provocando colas interminables. Sin exagerar unos
2-3 km, o sea la distancia de un pueblo al otro, todos los días.
¿Más sinsentidos? La butterfly farm, que en lugar de un
criadero de mariposas resultó ser un zoológico. Traían a los coloridos insectos
en sobres de papel para que mueran en el encierro. O el strawberry farm, un lugar donde vendían todos los derivados y no
derivados de la frutilla: mermelada, licuado, helado, peluche, paraguas... ¿Se
entiende por qué no me gustan los tours?
Bueno, el licuado estaba rico...
| durian |
Medio día más, quedaba tiempo para ver el bosque
petrificado y recorrer las plantaciones de té, esta vez por cuenta propia. Un
acierto, subí el cerro por una picada
donde no me crucé un alma, y el camino de vuelta pasaba directamente por dentro
de la plantaciones, pleno campo.
Había un detalle, a esa altura faltaban 15 km
hasta el próximo pueblo, me sentía una chola de
esas que se ven caminando solitarias por las rutas de Bolivia y te preguntás ¿de
dónde viene y hacia dónde va?
Habrá pensado lo mismo un coche que paró, una
pareja divina de veintipico que se ofreció a llevarme. Terminamos yendo juntos
a un museo en la ruta y tomando unos licuados. No dejo de sorprenderme con la
solidaridad local. Eran de Kuala Lumpur, como para revertir la imagen de la
capital.
Broche de oro y a seguir camino...
| Tanah Rata |

| plantaciones de té |
| un fiasco |
| el buda, de adorno (bastante loquito el chofer) |
| prolijas huertas |
| sólo en la naturaleza |

:O !!! zarpado de bueno, imágenes y relato. Mirá el ingenierito la veta que mostró...
ResponderBorrarTodo el mérito para los lugares que inspiran...
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