27 ene 2013

Sobre landrovers, frutillas y traffic-jams


Es un lugar especial. Como anticipando eso, el chofer del colectivo para, baja a comerse un durian y se fuma un pucho. Una familia también baja, parece que son comunes las paradas sin aviso...

El camino se hace angosto y sinuoso,  bordea la frondosa montaña. Pared de un lado y barranca del otro, cada tanto al costado un puesto que vende frutas, virtualmente colgando sobre el abismo. El chofer se ve obligado a tocar bocina en cada curva para evitar males mayores.
Bienvenido a Cameron Highlands.



Como el nombre lo indica, se encuentra en las alturas. Unos 1200 metros sobre el nivel del mar para ser más exactos. Esto ofrece un clima favorable para los cultivos, en especial de fruta y verdura – claramente la mejor novedad de la zona. Se ven huertas, no muy extensas debido al terreno, pero muy prolijas y bien llevadas. Esto se traslada al mercado, con numerosos puestos ofreciendo los productos recién traidos.

La temperatura bajó de los 30 grados en la planicie a unos 18 grados en las alturas, de noche menos. Y sigue lloviendo fuerte de tanto en tanto. Eso no cambia.

Llegando a la zona del hotel, oh sorpresa, todo inundado. La calle, que estaba en reparación, perdió su drenaje natural. Medio perdido que estaba, le pregunté  como llegar a una persona mayor que atendía un local de comida callejero. No entendía inglés y era sordomudo, pero fue a buscar un block para que le escribiera el nombre del lugar. Y me llevo de la mano hasta el sendero por donde se podía esquivar el agua. Gentileza malaya.

lluvia y montaña (el viaje en bondi)

En Cameron Highlands hay 3 cosas para hacer: visitar las plantaciones de té, ver la rafflesia y subir un cerro para visitar el bosque petrificado.

No soy muy amigo de los tours, pero en algunos casos son necesarios. Y ese día reunía 3 razones: estaba solo, los lugares lejos o inaccesibles, y estaba corto de tiempo.

Como su nombre lo indica, Cameron Highlands fue bautizada por ingleses. Y para no sentirse tan lejos de casa (¿será?) trajeron cientos de Landrover, quizás la población más grande del mundo. Los hay chicos, grandes, lindos, feos, niños, ancianos y de todas las profesiones.
¿Que nos pasó a buscar para hacer el tour? Una oportunidad para adivinar... Sí, un Landrover.

Primero a ver la rafflesia, una flor gigante que tarda unos 15 meses en crecer para florecer durante solo unos pocos días. Los especímenes son escasos y están en un lugar secreto del bosque. Posta que era así, si nuestro guía estaba nervioso por que no nos cruzáramos al grupo de la competencia y así mostraramos el camino.

Quedaba a unos 60 km del pueblo, más 2 horas caminando. Y valió la pena, no sólo por la flor – el tiempo la va a convertir en una simple anécdota – sino por el recorrido.

Luego veríamos la fábrica de té. Y quitémosle lo romántico: era una vieja instalación donde pusieron a unos muchachos a hacer como que trabajan, seguido de un recorrido explicativo, para terminar en el salón de ventas ofreciendo los productos de la fábrica industrial. Pero muy didáctico.

Pasado eso, la vista hacia la plantaciones es increible. Digno de sentarse en la terraza de la casa de té ¡no podía faltar! y observar...

La vuelta nos preparaba más sorpresas. ¡En la ruta se haria traffic jam (embotellamiento)! Pasa que a eso de las 5 de la tarde, ante la cantidad de puestos que se instalan al costado de la ruta, los coches circulan a paso de hombre y hasta paran a mirar, provocando colas interminables. Sin exagerar unos 2-3 km, o sea la distancia de un pueblo al otro, todos los días.

¿Más sinsentidos? La butterfly farm, que en lugar de un criadero de mariposas resultó ser un zoológico. Traían a los coloridos insectos en sobres de papel para que mueran en el encierro. O el strawberry farm, un lugar donde vendían todos los derivados y no derivados de la frutilla: mermelada, licuado, helado, peluche, paraguas... ¿Se entiende por qué no me gustan los tours?
Bueno, el licuado estaba rico...

durian

Medio día más, quedaba tiempo para ver el bosque petrificado y recorrer las plantaciones de té, esta vez por cuenta propia. Un acierto, subí el cerro por una picada donde no me crucé un alma, y el camino de vuelta pasaba directamente por dentro de la plantaciones, pleno campo.

Había un detalle, a esa altura faltaban 15 km hasta el próximo pueblo, me sentía una chola de esas que se ven caminando solitarias por las rutas de Bolivia y te preguntás ¿de dónde viene y hacia dónde va?

Habrá pensado lo mismo un coche que paró, una pareja divina de veintipico que se ofreció a llevarme. Terminamos yendo juntos a un museo en la ruta y tomando unos licuados. No dejo de sorprenderme con la solidaridad local. Eran de Kuala Lumpur, como para revertir la imagen de la capital.

Broche de oro y a seguir camino...



Tanah Rata





plantaciones de té
un fiasco
el buda, de adorno (bastante loquito el chofer)

prolijas huertas


sólo en la naturaleza







2 comentarios:

  1. :O !!! zarpado de bueno, imágenes y relato. Mirá el ingenierito la veta que mostró...

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  2. Todo el mérito para los lugares que inspiran...

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