Sin dudas reencontrarse con una cara conocida después de unos cuantos meses en la ruta es un placer de esos que uno disfruta sin igual. Ese fue el caso de mi visita a Shanghai, donde me esperaba Werner, quién ya vivía hace unos 10 años en China y me recibió en su casa durante los días que estaría en la ciudad.
Si tener una cama propia, aire acondicionado full con 45°C afuera y ducha a puro caudal ya era un lujo, ni hablar lo fueron las largas charlas mate en mano, disfrutar de un buen bife con vino argento o sentarnos a escuchar unos buenos tangos. Realmente un regalo de la vida.
Mientras, afuera se derretía el mundo. Aunque eso no impidió salir a recorrer esta verdadera urbe cosmopolita. Claramente también eso contribuyó a sentirme familiar.
Ya desde el siglo XIX ingleses, franceses y norteamericanos aportaron su identidad al lugar. Pero fue más cerca, con la apertura económica en los 90´s, que la ciudad volvió a adquirir su antiguo glamour y atraer a ciudadanos del mundo a través de sus filiales locales.
En el caso de mi anfitrión, hacía inspecciones a barcos para una empresa alemana. Los ejemplos de expatriados se multiplican, sirviendo en multinacionales con asiento en Shanghai, muchas de ellas (en especial las manufactureras) en forma de joint-venture con mayoría china.
En ese contexto, los expats encuentran aquí un lugar amigable con mercados donde poder encontrar snacks norteamericanos, pasta italiana, nutella, vinos de todo el mundo y principalmente lácteos (tan ausentes en la dieta china)!!
Pero la alegría no sería completa sin los reductos para relajarse y tomar unas frescas, si no encontrar alguna compañía ocasional.
Claro que no todo son gringos, sino que con la misma corriente ha habido una gran migración interna hacia Shanghai en busca de un futuro mejor, que ciertamente encuentran. Esto ha nutrido al lugar de las más exquisitas gastronomías regionales del país (buen punto a nuestros efectos) y las más variadas formas de vida y dialectos (que de todas formas no entendemos).
Recién estaba recorriendo la segunda ciudad y ya me quedaba claro que no iban a ser suficientes los 30 días de visa que tenía sellados en el pasaporte para recorrer tan increíble y vasto país. La renovación se presentaba relativamente fácil, apersonándome en la policía de la mano de un residente (claramente Werner) que declararía que yo estoy de visita en su casa.
De manera que planifiqué, luego de visitar algunos destinos cercanos, volver a Shanghai. Volver a casa...
Si tener una cama propia, aire acondicionado full con 45°C afuera y ducha a puro caudal ya era un lujo, ni hablar lo fueron las largas charlas mate en mano, disfrutar de un buen bife con vino argento o sentarnos a escuchar unos buenos tangos. Realmente un regalo de la vida.
Mientras, afuera se derretía el mundo. Aunque eso no impidió salir a recorrer esta verdadera urbe cosmopolita. Claramente también eso contribuyó a sentirme familiar.
Ya desde el siglo XIX ingleses, franceses y norteamericanos aportaron su identidad al lugar. Pero fue más cerca, con la apertura económica en los 90´s, que la ciudad volvió a adquirir su antiguo glamour y atraer a ciudadanos del mundo a través de sus filiales locales.
En el caso de mi anfitrión, hacía inspecciones a barcos para una empresa alemana. Los ejemplos de expatriados se multiplican, sirviendo en multinacionales con asiento en Shanghai, muchas de ellas (en especial las manufactureras) en forma de joint-venture con mayoría china.
En ese contexto, los expats encuentran aquí un lugar amigable con mercados donde poder encontrar snacks norteamericanos, pasta italiana, nutella, vinos de todo el mundo y principalmente lácteos (tan ausentes en la dieta china)!!
Pero la alegría no sería completa sin los reductos para relajarse y tomar unas frescas, si no encontrar alguna compañía ocasional.
Claro que no todo son gringos, sino que con la misma corriente ha habido una gran migración interna hacia Shanghai en busca de un futuro mejor, que ciertamente encuentran. Esto ha nutrido al lugar de las más exquisitas gastronomías regionales del país (buen punto a nuestros efectos) y las más variadas formas de vida y dialectos (que de todas formas no entendemos).
Recién estaba recorriendo la segunda ciudad y ya me quedaba claro que no iban a ser suficientes los 30 días de visa que tenía sellados en el pasaporte para recorrer tan increíble y vasto país. La renovación se presentaba relativamente fácil, apersonándome en la policía de la mano de un residente (claramente Werner) que declararía que yo estoy de visita en su casa.
De manera que planifiqué, luego de visitar algunos destinos cercanos, volver a Shanghai. Volver a casa...
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